Quien no lucha no sirve
18.01.2011 - “Son los innovadores los únicos que sirven, descubriendo un astro o encendiendo una chispa… son los arquetipos selectos, las afortunadas variaciones de la especie humana, necesarias para revelar a los demás hombres algunas de las formas innumerables en que deviene incesantemente el porvenir”. José Ingenieros “Hacia una moral sin dogmas”.
Solo los mediocres, los cobardes y los conformistas no luchan.
Sólo los inválidos mentales, más que los físicos, prefieren que las cosas les lleguen a sus casas por amor al arte, por fortuna o casualidades de la vida o las circunstancias.
El que carezca de valor personal por lo menos debe involucrarse en acciones de grupos que requieran valor colectivo.
Quienes no luchan son parásitos sociales que deben ser fumigados por el látigo del desprecio, la indiferencia, el irrespeto y hasta la desconsideración: como no sirven, hay que tratarlos como merecen.
El nada es nada es una suprema irresponsabilidad, una falta de vergüenza y dignidad: si usted no lucha por usted mismo, por los suyos, su país y la humanidad, no está cumpliendo con sus deberes y no merece recibir los derechos y beneficios que la sociedad produce para todos sus ciudadanos. Un ser individual, egoísta e inmediatista no merece nada bueno… nadie debe ser instrumento suyo.
Quién es indiferente ante una injusticia es un cobarde, además de un cómplice: pierde su esencia humana (la solidaridad es fundamental) y con su silencio promueve ser víctima de ella misma.
La pasividad no sólo atrofia la mente y el cuerpo: también lo hace en el espíritu, el alma, el corazón y la consciencia.
Estar desprovisto de la capacidad de lucha es una muerte anticipada, como la de un parásito que fallece con el ser que lo sustenta.
Quien no manifiesta su utilidad a través de la lucha por sus propios intereses, los suyos, la comunidad y el país que le da albergue, no merece recibir los beneficios de la lucha colectiva: debe ser aislado, solitario, ignorado y desprovisto de protección alguna.
Quien no lucha no sirve, por eso se conforma con la tradición, cierra la puerta a la inteligencia, a la nueva verdad, niega la posibilidad del progreso y la perfección, acata los intereses creados en el viejo orden moral y material… es renunciar a la misma vida y se convierte en una cosa, un obediente ciego, en un instrumento irresponsable al servicio de quien lo manda.
Quienes no luchan están inmóviles, acatan de forma invariable los convencionalismos, son ciegos adeptos a las doctrinas, costumbres y rutinas actuales y pasadas: no creen en los cambios, en la renovación social ni en el perfeccionamiento de todo lo existente.
Los que no luchan son esclavos que se conforman con las contingencias de la vida práctica inmediata, renunciando a lo mejor posible: son indignos busca vidas y sin patria, honor, virtud, principios ni valores.
Son detestables los pasivos y oportunistas que viven fragmentariamente, que dejan a otros la peligrosa función de innovar, reservándose el tranquilo aprovechamiento de los resultados.
¡¡Quienes no luchan, no sirven jamás, nunca han servido, no merecen nada de nadie!!
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