PRIMA
SETTIMANA DELL' ENERGIA - RD
DISCURSO
Lic. Maria Teresa Costa
El
Papel de la Asociación de Reguladores Iberoamericanos
de la Energía en el Fomento de un modelo
energético sostenible
Santo Domingo, 14 de enero de 2008
Autoridades, señoras, señores,...
Antes de iniciar mi ponencia, permítanme
agradecer la amable invitación del Gobierno
de la República Dominicana a participar
en esta primera Semana Internacional de la Energía
(SEIDE) que nos debe permitir debatir y reflexionar
sobre un aspecto tan importante como es la consecución
de un modelo energético sostenible respetuoso
con el medio ambiente.
Un modelo energético sostenible que permita
la consecución de soluciones viables y
de bajo impacto medioambiental a los importantes
retos a los que se enfrentan nuestros respectivos
países.
En mi doble faceta de Presidenta de la Asociación
de Reguladores Iberoamericanos de la Energía
(ARIAE) y de la Comisión Nacional de la
Energía quisiera centrar mi ponencia en
el papel que juega y debe jugar la regulación
en la consecución de un modelo energético
sostenible, económica y medioambientalmente
hablando.
Sin duda la regulación deber ser compatible
con los aspectos medioambientales y en ello está
dedicando grandes esfuerzos tanto ARIAE como la
Comisión Nacional de Energía.
Todo ello con un objetivo muy claro, el de garantizar
la sostenibilidad energética.
La sostenibilidad energética no es más
que ser conscientes a nivel de sociedad de que
es necesario garantizar el desarrollo económico
de los países sin comprometer el medio
ambiente, en definitiva la salud de nuestro planeta,
y todo ello en beneficio de las generaciones futuras.
Dicha propuesta del desarrollo sostenible es formulada
oficialmente en 1987 por la Comisión Mundial
sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CMMAD) (constituida
por el secretario general de las Naciones Unidas
en 1983) a través del documento titulado
Nuestro futuro común.
La idea es hacer sostenible el desarrollo, crear
una nueva era de crecimiento económico
que permita solucionar los problemas del mundo,
especialmente los de los países subdesarrollados.
Nuestro futuro común define el problema
y el Programa 21 (Agenda 21), estrategia internacional
presentada en 1992 durante la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
(Cumbre de la Tierra) celebrada en Río
de Janeiro y en el 2002 en la Conferencia Mundial
sobre Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo,
establece las medidas a seguir para instrumentar
las políticas recomendadas.
La humanidad en su conjunto se enfrenta los siguientes
problemas energéticos:
- al menos una tercera parte de la población
mundial no tiene acceso a la energía comercial
(combustibles fósiles y electricidad),
sufriendo por esta razón dificultades productivas,
económicas e inseguridad;
- el sistema energético actual no es capaz
de sostener un crecimiento económico vigoroso
dado su carácter limitado;
- el impacto ambiental causado por la producción
y el uso de energía amenaza la salud y
el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
En definitiva, no podemos dañar el medioambiente
porque este daño es irreparable e irreversible,
pero tampoco podemos prescindir de la energía
como motor de crecimiento de nuestras economías.
La cuestión de la sostenibilidad energética
como concepto conciliador de estas dos realidades
sigue siendo un reto y preocupación para
los Gobiernos.
Con unas pautas de consumo energético,
en las que los combustibles fósiles han
jugado y siguen jugando un papel protagonista
en la conformación de las sociedades industriales
es necesario avanzar en la búsqueda e implementación
de soluciones.
Sin caer en los argumentos del determinismo energético,
si que es cierto que actualmente el 80% de la
energía primaria que consumida a nivel
mundial tiene su origen en los combustibles fósiles,
con un horizonte temporal de disponibilidad más
bien limitado.
Un horizonte temporal, que según las últimas
estimaciones varía entre los 40 años
del petróleo o los más de 200 años
del carbón, pero que en definitiva es limitado.
Si no somos capaces de avanzar como sociedad hacia
un modelo sostenible sin duda el futuro no parece
todo lo halagüeño que debería
ser.
Es por ello que es necesario dar un impulso decidido
a un modelo de desarrollo energético sostenible,
con una serie de medidas tanto desde el lado de
la demanda, es decir los consumidores, como desde
el lado de la oferta, las empresas energéticas.
Tecnologías limpias de generación
(energía solar fotovoltaica y térmica,
energía eólica, biomasa, pilas de
combustible, etc), sistemas de control/captura
de emisiones, sistemas eficientes de regulación
técnica a pesar de que han experimentado
un gran desarrollo en los últimos años
constituyen todavía un campo en el que
necesitamos seguir avanzando.
Para todo ello, el desarrollo tecnológico
y, en definitiva, la inversión en investigación
y desarrollo en estas tecnologías son aspectos
a fomentar por parte del marco regulatorio a la
hora de consolidar una oferta energéticamente
sostenible.
Sin duda para la implementación de todas
estas medidas, la regulación energética
debe jugar un papel clave.
Ahorro y eficiencia energética, fuentes
renovables de energía, seguridad de suministro,
diversificación del abastecimiento energético,
control de emisiones, entre otros, son conceptos
que han trascendido al lenguaje cotidiano de muchos
ciudadanos y de los que se ocupa la regulación
energética.
Hablar de sostenibilidad energética es
asimismo hablar del compromiso de todos en el
uso racional de la energía.
Pero, eso no es todo.
La regulación energética permite
internalizar los costes medioambientales. De forma
indirecta, mediante fijación de precios
(impuestos, incentivos,
) o de cantidades
(asignación de derechos de emisión,
certificados verdes
) es posible hacer pagar
más a los que más contaminan y,
por tanto, incentivar los comportamientos empresariales
respetuosos con el medio ambiente.
Se podría hablar largo y tendido al respecto
de todos estos mecanismos.
No obstante, y aunque la Comisión Nacional
de Energía está actuando de forma
intensa en todos estos aspectos encaminados a
la definición e implementación de
un modelo energético sostenible, especialmente
en su faceta regulatoria, quisiera finalizar mi
ponencia presentándoles las iniciativas
que se están impulsando desde el ámbito
de la Asociación de Reguladores Iberoamericanos
de la Energía.
Pero antes de ello, permítanme darles,
a aquellos que no conocen ARIAE, unas breves pinceladas
sobre la Asociación.
La Asociación Iberoamericana de Entidades
Reguladoras de la Energía (ARIAE) se constituye
formalmente el 17 de marzo de 2000 en la ciudad
de Buenos Aires (Argentina), si bien en un principio
como asociación de reguladores en el ámbito
de la Energía Eléctrica.
ARIAE extendió su objeto al resto de los
sectores de la energía, según el
acuerdo adoptado en la junta ordinaria anual celebrada
en el mes de Mayo de 2000 en Lisboa, y actualmente
reúne a organismos reguladores de energía
de 19 países iberoamericanos como son Argentina,
Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica,
Ecuador, El Salvador, España, Guatemala,
Honduras, México, Nicaragua, Panamá,
Perú, Portugal, República Dominicana,
Uruguay y Venezuela.
ARIAE constituye una gran plataforma -un foro
permanente- para el intercambio de información
y de experiencias de gran utilidad en el ejercicio
de la función reguladora que nos compete
en el ámbito de nuestros respectivos sistemas
energéticos. Sistemas con peculiaridades
distintivas, pero que se benefician de la cooperación
en actividades de interés común
que promueve la Asociación en todo el ámbito
iberoamericano.
Transcurridos diez años desde el primer
encuentro de reguladores iberoamericanos celebrado
en Santiago de Compostela - momento de arranque
de la voluntad de consolidar el proyecto asociativo-
, son varios los logros alcanzados por la Asociación
ARIAE.
Enunciaré tres de ellos: por un lado, ha
habido en estos años un fluido intercambio
de información entre nosotros; por otro,
se ha desarrollado también un vivo debate
regulatorio en los distintos foros de encuentro
organizados en el ámbito de los reguladores
de ARIAE; y, en tercer, que no en último
lugar, se ha propiciado la capacitación
de nuestros cuadros técnicos mediante la
organización de cursos sobre aspectos relevantes
de la función y el quehacer regulador de
los organismos que representamos.
Los reguladores integrantes de la Asociación
compartimos objetivos comunes.
Objetivos que luego se concretan en distintos
sistemas o modelos de regulación, pero
que buscan, todos ellos, transparencia y eficiencia
en beneficio de los consumidores.
Entendemos, en definitiva, que una regulación
transparente y eficiente de los sectores energéticos,
que facilite el aprovisionamiento y el acceso
a la energía a precios asequibles, y con
niveles adecuados de calidad, es la mejor forma
de servir a los consumidores y de promover el
desarrollo económico de nuestros países.
En este contexto, a raíz de los diferentes
acuerdos adoptados por parte de su Asamblea General,
la Asociación asume un nuevo cometido como
es el fomento de la sostenibilidad energética.
El grave problema que supone el cambio climático
exige adoptar un comportamiento respetuoso con
el medioambiente, a través del ahorro y
eficiencia energéticos, del mix tecnológico
y de la incorporación de innovaciones que
ayuden a reducir los efectos contaminantes de
algunas tecnologías de producción,
hasta tanto y cundo no se produzca un salto tecnológico
que permita disponer de sistemas productivos y
de provisión y consumo de energía
compatibles con la conservación del medioambiente.
En este marco de relaciones con los reguladores
que formamos parte de ARIAE, surge como objetivo
estratégico, el impulso en Latinoamérica
de las energías renovables y, de forma
coordinada con las diferentes Oficinas de Cambio
Climático, se asume como objetivo impulsar
algunos de los instrumentos previstos en el Protocolo
de Kyoto.
Como ustedes ya saben, con objeto de luchar contra
el cambio climático, en 1997 se firmó
el Protocolo de Kyoto, mediante el cual las Partes
Contratantes se comprometieron a reducir las emisiones
de gases de efecto invernadero (GEI), expresadas
en dióxido de carbono equivalente, al menos
un 5,2% en el período 2008-2012, respecto
a los niveles de emisiones del año base.
Dicho Protocolo, que entró en vigor el
pasado 16 de febrero de 2005 una vez que fue ratificado
por el 55% de las Partes Contratantes del Anexo
I de la Convención Marco de las Naciones
Unidas sobre el Cambio Climático, propone
tres mecanismos flexibles para facilitar el cumplimiento
de los objetivos de reducción de emisiones:
el mecanismo de implementación conjunta
(AC), el mecanismo de desarrollo limpio (MDL)
y el comercio de derechos de emisión.
Los mecanismos de desarrollo limpio son mecanismos
basados en proyectos, permitiendo a las Partes
Contratantes, incluidas en el Anexo I de la Convención
Marco de las Naciones Unidas, obtener créditos
asociados a proyectos con los que se logren reducciones
o limitaciones de emisiones.
Asimismo, este mecanismo establece la obligatoriedad
de que el proyecto se realice en países
en desarrollo no incluidos en dicho Anexo I, de
forma que indudablemente estos proyectos pueden
contribuir a la transferencia de tecnología
y favorecer al desarrollo sostenible en los países
de acogida de los proyectos.
En este sentido los reguladores energéticos
constituyen una de las piezas clave para impulsar
y apoyar la ejecución de proyectos MDL
en el sector de ahorro y eficiencia energética
y, sobretodo, la generación a partir de
fuentes renovables, y en general identificar las
barreras existentes en el marco regulatorio de
cada país para el desarrollo de estos proyectos.
De esta forma, se puede favorecer conjuntamente
el desarrollo energético sostenible y la
seguridad de suministro energético, aprovechando
las iniciativas y los recursos adicionales que
proporcionan los MDL.
En este ámbito de actuaciones, el MDL programático
permite evolucionar hacia un sistema de reducción
de emisiones a mayor escala, a menor coste y con
la implicación de los promotores públicos
en sus diferentes niveles.
Latinoamérica, por sus características
energéticas, tiene un gran potencial para
albergar estos proyectos y conseguir que estas
inversiones tengan un impacto real en sus políticas
de desarrollo energéticas.
Ustedes se pueden plantear qué papel juegan
los organismos reguladores iberoamericanos en
un ámbito tan específico como el
fomento de los mecanismos de desarrollo limpio.
La respuesta es que puede y debe jugar un papel
clave en el fomento de los mecanismos de desarrollo
limpio por una serie de motivos.
La promoción de estos proyectos está
afectada por factores de diversa naturaleza relacionados
con la propia rentabilidad y coste de las inversiones,
costes financieros, etc., pero también
por otro tipo de factores relacionados con la
propia normativa medioambiental, aprobación
de los proyectos, permisos administrativos para
la ejecución de los proyectos, explotación
de las instalaciones y desarrollo de las actividades.
Es en este ámbito de factores donde es
necesario y factible aportar un impulso institucional
por parte de los reguladores con el objeto de
allanar los obstáculos o dificultades que
puedan acontecer en las diferentes etapas o fases
del proyecto.
En el ámbito específico de Latinoamérica,
los reguladores de la energía, de acuerdo
con sus competencias, constituyen una excelente
plataforma para apoyar institucionalmente el desarrollo
de proyectos MDL a emprender por las empresas
españolas en el mencionado ámbito
geográfico.
Es por ello que, dada la confluencia en ARIAE
de los reguladores de la energía iberoamericanos
y dados los beneficios recíprocos que se
pueden derivar por un lado para las empresas españolas
de los sectores de la energía y por otro
para los propios países iberoamericanos
receptores de la inversión y de la transferencia
de tecnología, ARIAE se ha propuesto liderar
este objetivo de impulso a los proyectos de inversión
en el ámbito de los mecanismos flexibles
contemplados en el Protocolo Kyoto en el ámbito
geográfico de Latinoamérica.
El éxito de esta iniciativa, así
como del resto de iniciativas impulsados por cada
uno de los reguladores en sus respectivos países,
es trabajo de todos, tanto del sector público
como del sector privado.
Las fuentes de energía renovables contribuyen,
entre otros efectos positivos, a la compensación
y reducción de los niveles de emisión
de gases de efecto invernadero que se derivan
de las infraestructuras y actividades energéticas.
Y abren nuevas oportunidades al conjunto de los
países iberoamericanos, como receptores
de inversiones que ponen a disposición
de la economía tecnologías avanzadas
y que permiten un desarrollo energético
sostenible.
Sin duda desarrollar un auténtico modelo
energético sostenible redundará
en beneficio de la sociedad en su conjunto, y
sin duda de las generaciones futuras.
Y con esta reflexión final me gustaría
finalizar mi intervención, agradeciendo
a SEIDE su amable invitación.
Muchas gracias por su atención.
Maria Teresa Costa
Presidenta de la Comisión
Nacional de Energía de España, María
Teresa Costa, en la Semana Internacional de la
Energía.