Discurso
de Juramentación del presidente Leonel
Fernández ante la Asamblea Nacional
16.08.08 Santo Domingo, Repubblica Dominicana
Excelentísimo
Señor Presidente de la Asamblea Nacional,
Reynaldo
Pared Pérez;
Excelentísimo
Señor Presidente de la República
de El Salvador,
Elías
Antonio Saca González;
Excelentísimo
Señor Presidente de la República
de Panamá,
Martín
Torrijos Espino;
Excelentísimo
Señor Presidente de la República
de China, Taiwán,
Ma
Ying-Jeou (Má Ién Iú);
Excelentísima
Señora Presidenta de la República
de Chile,
Michelle
Bachelet;
Excelentísimo
Señor Presidente de la República
de Guinea Ecuatorial,
Obiang
Nguema Mbasogo (Guema Obián);
Excelentísimo
Señor Presidente de la República
de Honduras,
José
Manuel Zelaya Rosales;
Excelentísimo
Señor Presidente de la República
de Colombia,
Alvaro
Uribe Vélez;
Excelentísimo
Señor Presidente de la República
de Haití,
René
Preval;
Excelentísimo
Señor Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela
Hugo
Chávez;
Excelentísimo
Señor Presidente de la República
de Nicaragua
Daniel
Ortega
Su
Alteza Real,
Felipe
de Borbón y Grecia,
Príncipe
de Asturias;
Excelentísimo
Señor Primer Ministro de las Antillas Neerlandesas,
Emily
De Jongh-Elhage (Emily de Iong Eljaje);
Excelentísimo
Señor Primer Ministro de San Cristóbal
y Nieves,
Denzil
Douglas;
Excelentísimo
Señor Vicepresidente de la República
de Guatemala,
Rafael
Espada;
Excelentísimo
Señor Vicepresidente de la República
de Nicaragua,
Jaime
Morales Carazo;
Excelentísimo
Señor Vicepresidente del Consejo de Estado
de la República de Cuba,
Juan
Esteban Lazo Hernández;
Excelentísimo
Señor Vicepresidente de la República
de Ecuador,
Lenín
Moreno Garcés;
Excelentísimo
Señor Secretario General de la Organización
de los Estados Americanos,
José
Miguel Insulza;
Excelentísimo
Señor Presidente del Banco Interamericano
de Desarrollo,
Luis
Alberto Moreno;
Excelentísimo
Señor Secretario General Iberoamericano,
Enrique
Iglesias;
Excelentísimo
Señor Secretario General del Sistema de
Integración Centroamericano,
Aníbal
Quiñones;
Su
Excelencia Reverendísima Enviado Extraordinario
por Su Santidad Benedicto XVI,
Arzobispo
Monseñor Antonio Arcari;
Excelentísimos
Señores y Señoras Jefes de Misiones
Especiales y de Organismos Internacionales;
Invitados
Especiales;
Su
Eminencia Reverendísima Arzobispo Metropolitano
de Santo Domingo,
Monseñor
Nicolás de Jesús Cardenal López
Rodríguez;
Señor
Presidente de la Suprema Corte de Justicia,
Jorge
Subero Isa;
Honorable
Señor Vicepresidente de la República,
Rafael
Alburquerque y Señora Martha de Alburquerque;
Excelentísima
Señora Primera Dama de la República,
Margarita
Cedeño de Fernández;
Señora
Yolanda Reyna;
Altos
Funcionarios Civiles y Militares;
Señoras
y Señores:
Hace
exactamente 30 años, en el 1978, luego
de un dramático e intenso proceso electoral,
la República Dominicana se vio sumergida
en una situación de crisis política.
El
pueblo dominicano, que en aquel entonces había
optado mayoritariamente por un cambio de dirección
política, sentía la angustia de
ver al país precipitarse hacia el abismo.
He
aquí, sin embargo, que aquellos lúgubres
días de legítima preocupación
sobre el destino de la nación, se convirtieron
en los cimientos para dar origen al más
largo periodo de estabilidad política democrática
conocida en la historia de la República.
Mas
aún, de esa momentánea crisis electoral
dominicana surgió el proceso de transición
democrática que desde la década
de los 80 se ha expandido por toda América
Latina.
Así
es, señoras y señores, la transición
hacia la democracia y la libertad en América
Latina, de la cual en este año se cumplen
tres décadas, tuvo su origen aquí,
en la República Dominicana; y aunque fue
un aporte modesto, nos sentimos profundamente
orgullosos de esa contribución al bienestar
de nuestros hermanos pueblos de América.
Ahora,
al culminar el torneo electoral del pasado mes
de mayo, lo que reinaba en la República
Dominicana era un ambiente de paz, de armonía
y de renovada esperanza hacia la construcción
de un mejor futuro.
No
cabe dudas, 30 años después de nuestra
crisis electoral, la democracia dominicana se
ha consolidado; y lo que emergió triunfante
en la pasada consulta popular no fue un partido
político, ni siquiera una alianza de partidos,
ni tampoco ningún candidato en especial.
Quien
surgió victorioso de nuestro último
certamen electoral fue nada más y nada
menos que el pueblo dominicano.
Ahora
bien, Honorables Miembros de la Asamblea Nacional,
en el año 2004, al asumir por segunda vez
la conducción de los destinos nacionales,
negros nubarrones, en forma de malos presagios,
se cernían sobre los cielos de la República.
En
aquel momento el país se enfrentaba a la
crisis económica más severa que
nos ha afectado en los últimos 50 años.
Entonces prevalecía una situación
de fuerte depreciación de la moneda, alta
inflación, salida de capitales, déficit
del sector público, atrasos en el pago
de la deuda externa, colapso del nivel de crecimiento
económico, disminución progresiva
de la credibilidad del país a nivel internacional
y deterioro brutal en las condiciones de vida
de los distintos sectores de la vida nacional.
La
incertidumbre, el escepticismo y el desconcierto
predominaban en el ánimo público.
Se había perdido la fe en nuestro futuro.
Se había evaporado la confianza en nuestra
capacidad de recuperación. Nuestra autoestima
como nación se había desvanecido.
No
obstante, debido al diseño de una visión
estratégica de futuro, a la elaboración
de un plan coherente, al cumplimiento estricto
de las metas trazadas en el acuerdo stand by con
el Fondo Monetario Internacional, al trabajo tesonero,
a la perseverancia en la conquista de nuestros
objetivos y a la confianza de la mayoría
del pueblo en nuestras ejecutorias, podemos afirmar
hoy con gran satisfacción, que hemos logrado
superar las adversidades y dificultades que ponían
en riesgo la estabilidad, el progreso y el bienestar
de nuestra nación.
En
base al trabajo, la dedicación y la confianza
en un mejor porvenir, superamos la crisis heredada
del 2004.
En
los últimos tres años se registró
un crecimiento promedio anual del Producto Interno
Bruto, en términos reales, de 9.5 por ciento.
Ese
es el más alto crecimiento promedio de
la región, durante el período, y
uno de los más elevados a nivel mundial.
El
déficit del sector público no financiero
de 3.1 por ciento del PIB en el 2004 se convirtió
en un superávit de 0.1 por ciento en el
2007, lo que nos permitió recuperar la
sostenibilidad de las cuentas fiscales y que el
país volviese a ser considerado un sujeto
de crédito confiable por parte de la comunidad
financiera internacional.
La
inflación promedio para el periodo indicado
alcanzó 7.1 por ciento, lo que contribuyó
en gran medida a la recuperación del salario
real de los trabajadores dominicanos por la consecuente
mejoría del poder adquisitivo de la moneda
dominicana.
De
igual modo se lograron durante los años
2005-2007 reducciones históricas en las
tasas de interés activa y pasiva del sistema
financiero, lo cual generó un crecimiento
extraordinario de la cartera bancaria a sectores
estratégicos, como es el caso de la vivienda.
Hubo
un fuerte flujo de capitales hacia el país
que posibilitó una importante acumulación
de reservas internacionales por parte del Banco
Central.
Al
31 de diciembre del 2007, las reservas netas habían
alcanzado 2 mil 395 millones de dólares,
un incremento de 1 mil 793 millones respecto al
nivel registrado al finalizar el 2004.
La
inversión extranjera directa, que al culminar
el 2004 fue apenas de 909 millones de dólares,
alcanzó 1 mil 698 millones de dólares
en el 2007, el cual ha sido el nivel más
alto alcanzado en toda la historia de la República
Dominicana.
Una
expresión concreta de la estabilidad lograda
es la relativa a la tasa de cambio de la moneda
dominicana con relación al dólar.
Durante los últimos cuatro años,
la tasa de cambio de la moneda dominicana ha oscilado
entre 29 y 34 pesos por dólar.
Hoy
podemos hablar de un sector financiero solvente.
Hemos superado la crisis bancaria. Así
lo muestran los indicadores del sector en lo relativo
a su rentabilidad y la morosidad de su cartera.
El país cuenta ahora con un mejor sistema
de supervisión bancaria.
En
lo que concierne a un tema de generalizada preocupación,
como lo era el denominado déficit cuasi
fiscal del Banco Central, debemos informar que
ese déficit se redujo de un 3.6 a 1.8 por
ciento del PIB, durante los últimos cuatro
años.
La
tasa de desempleo ha caído de 19.7 por
ciento en octubre del 2004 a 14 por ciento en
abril del 2008, el mismo nivel que teníamos
al concluir nuestro primer período de gobierno
en el año 2000.
Ese
cambio en la tasa de desempleo significa que durante
la administración 2004-2008 se crearon
cerca de 500 mil nuevos empleos, como habíamos
prometido. Eso contribuyó a una disminución
de ocho puntos porcentuales en el nivel de pobreza,
que cayó de 43.4 por ciento en octubre
del 2004 a 35.7 por ciento en octubre del 2007.
A
pesar de las difíciles restricciones presupuestarias
que hemos enfrentado, el gasto social ha sido
aumentado de 7.5 por ciento del PIB en el 2004,
a 9.1 por ciento del PIB en el 2007.
Aunque
todavía lejos de nuestras aspiraciones,
el gasto en educación, salud y seguridad
social se incrementó casi 2 puntos porcentuales
al pasar de 3.4 a 5.3 por ciento del PIB durante
el periodo de referencia.
En
fin, Señores Legisladores e Ilustres Invitados,
los esfuerzos desplegados por el Gobierno y la
población dominicana durante los últimos
cuatro años han tenido como recompensa
la superación de una situación que
sólo cuatro años atrás parecía
conducirnos de manera inevitable hacia el abismo
y la catástrofe.
Sin
embargo, parece que el destino nos tiene reservado
para grandes pruebas. No bien hemos logrado salir,
luego de múltiples e ingentes esfuerzos
de la crisis interna que nos abatió durante
el cuatrienio 2000-2004, cuando ahora, al iniciar
este tercer mandato presidencial, se avizora en
el horizonte un deterioro de la economía
global, como sólo había ocurrido
durante la Gran Depresión.
Reconozco
que un gran temor se ha apoderado del mundo respecto
de los alcances de esta nueva adversidad. Que
hay, una vez más, desasosiego e intranquilidad
en relación a esta nueva calamidad económica
que mantiene a buena parte de la población
mundial en estado de zozobra.
No
obstante, al asumir el poder, en enero de 1933,
precisamente en medio de las grandes turbulencias
económicas y financieras que sacudían
a los Estados Unidos y al mundo de su época,
Franklyn Delano Roosevelt advirtió que
para superar la crisis lo primero que se requiere
es valor y coraje, y por eso a lo único
que debe temerse es al miedo mismo.
Así
debemos enfrentar nosotros este nuevo periodo
de gobierno, 2008-2012, que hoy se inicia. Sin
miedo. Sin temor. Sin vacilaciones. Con valentía.
Con coraje. En base a nuestra capacidad de trabajo.
Con estricta e indeclinable confianza en el futuro,
pues sabemos que en todo momento, este pueblo,
de venerable tradición cristiana, estará
protegido y conducido por aquel que guía
nuestro destino: Dios, el Todopoderoso.
La
actual es una crisis global caracterizada por
los altos precios del petróleo y de los
alimentos; por turbulencias en los mercados de
capitales; por una crisis financiera, y por una
caída abrupta del sector hipotecario, fundamentalmente
en los Estados Unidos, todo lo cual ha conducido
a una desaceleración del crecimiento económico
a nivel mundial, a un incremento de la inflación
y a un deterioro de la cuenta corriente de la
balanza de pagos de los países importadores
netos de productos básicos.
En
estos momentos, Estados Unidos se encuentra padeciendo
una disminución del crecimiento de su economía
a nivel de la mitad del año pasado, esto
es, de 2.2 por ciento en el 2007, a 1.1 por ciento
en el 2008; y una caída del índice
de confianza del consumidor a los niveles más
bajos de los últimos 16 años.
Igualmente,
está afectado por un fuerte déficit
fiscal, que para este año se proyecta en
cerca de 500 mil millones de dólares; por
un debilitamiento del valor del dólar frente
al euro y otras monedas; y por la crisis hipotecaria
del sub-prime, que ha tenido un costo que ya ronda
por los 400 mil millones de dólares, provocando
que algunos de sus bancos más importantes
se hayan tambaleado ante la furia y la magnitud
de la crisis desatada.
Actualmente,
la industria automotriz en los Estados Unidos
atraviesa su peor año en una década.
Lo mismo ocurre con las líneas aéreas
y con los camioneros transportistas, los cuales
han reducido su personal, y por consiguiente,
la calidad de su servicio.
En
Europa, baja el crecimiento de la economía.
Se incrementa el índice de desempleo, sube
la tasa de interés de los préstamos
bancarios y el costo de la vida alcanza su más
alto nivel desde 1999.
En
América Latina, con excepción de
los países productores y exportadores netos
de combustibles fósiles, todos los indicadores
de progreso y bienestar de la economía
se ven estremecidos por el paso de los vientos
huracanados de la actual tormenta económica
mundial.
En
fin, como pueden Uds. apreciar, se trata de una
crisis de dimensiones globales, cuyo origen se
encuentra en los grandes centros de poder del
mundo y que para desactivarse exigirá la
aplicación de un conjunto de medidas que
reoriente el curso de la humanidad en los años
por venir.
Tomemos,
por ejemplo, el caso del petróleo. Se reconoce
que diversos factores intervienen en su determinación
de precios, como la relación entre oferta
y demanda, la insuficiente inversión en
nuevas refinerías, el incremento de los
costos para extracción y procesamiento
del crudo, el efecto de desastres naturales, la
incorporación de China e India al gran
consumo y los resultados de las tensione geopolíticas.
Comprendemos
todo eso. Más aún, estamos conscientes
que la actual civilización descansa en
el uso de los combustibles fósiles.
En el 1900 el mundo produjo 150 millones de barriles
de petróleo. En el 2000, cien años
después, produjo 29 mil millones de barriles
de petróleo, lo cual equivale a un incremento
de 180 veces más.
El
siglo XX, que ha sido considerado como el período
histórico de mayor celeridad en la promoción
del progreso y la modernización del género
humano, fue, esencialmente, el siglo del petróleo.
Todo
eso es comprensible y aceptable. Lo que no puede
comprenderse ni aceptarse es la manipulación
de algunos medios, llevada a cabo a escala planetaria,
con la intención deliberada y cómplice
de ocultar ante el mundo el papel de la especulación
en el alza abrupta de los precios de los combustibles
en los mercados internacionales.
La
especulación opera de manera simple. En
el mercado de contratos a futuro, alguien vende
un petróleo que no tiene. Otro compra un
petróleo que no espera recibir, con la
extraña consecuencia de que ambos ganan
dinero.
Parece
una cantinflada. Pero no, es el capitalismo de
casino del siglo XXI, funcionando a plena capacidad.
Es un capitalismo de papeles, de manipulación,
de fraude y de extorsión, que no tiene
ninguna vinculación con los fundamentos
de la economía real.
Debido
a esa modalidad de capitalismo de casino, las
bolsas de valores que operan con contratos a futuro,
se han convertido en gigantescas e incontrolables
salones de apuestas, cuyas actividades afectan
los precios de los productos en la economía
real.
Actualmente,
hay más de 860 mil contratos a futuro de
petróleo en las bolsas de Nueva York y
Londres. Eso representa más de 870 millones
de barriles de petróleo, lo que es prácticamente
la producción de un año.
Esa
enorme cantidad de petróleo sólo
existe en papeles. Sin embargo, esos papeles,
conforme al juicio de varios expertos que declararon
por ante el Senado de los Estados Unidos, influyen
por lo menos en el 30 por ciento del precio real
de los combustibles.
El
mundo no puede seguir así. No puede seguir
apoyándose en la codicia, el egoísmo,
la avidez y el engaño para amasar grandes
fortunas en beneficio de unos pocos.
El
mundo tiene que cambiar. Tiene que eliminar toda
forma de injusticia, discriminación y desigualdad
que exista. Tiene que avanzar su marcha hacia
el mañana fundamentándose en la
solidaridad, la cooperación y la integración.
A
pesar de sus complejidades, el mundo, sin embargo,
es bastante simple. De lo que se trata es de cambiar
la codicia por la generosidad y la avaricia, por
la fraternidad.
La
globalización no puede seguir sin reglas
que la gobiernen. El sistema financiero internacional
no puede continuar operando en forma desregulada
y sin supervisión adecuada. El libre comercio
resulta insuficiente si al mismo tiempo no es
comercio justo.
No
hay razón alguna para que el presidente
del Banco Mundial siempre sea un norteamericano;
para que el director general del Fondo Monetario
Internacional siempre sea un europeo; ni para
que hasta ahora ningún africano o latinoamericano
haya podido presidir la Organización Mundial
del Comercio (OMC).
Las
instituciones de Bretton Woods, que fueron creadas
para regir el mundo de la post-segunda guerra
mundial, quedaron obsoletas cuando la Guerra Fría
llegó a su fin.
Ahora,
de lo que se trata es de construir las instituciones
del nuevo orden mundial del siglo XXI, que tomen
en consideración la dignidad de los pueblos,
la diversidad de las culturas y el intercambio
civilizado entre las naciones.
En
ese contexto, la República Dominicana aspira
a desempeñar un papel de mayor responsabilidad
en la comunidad internacional y en los organismos
multilaterales.
Esperamos
a ser parte de un concierto de naciones que procura
los mejores vínculos con los vecinos, promueva
el multilateralismo, la integración regional
y la búsqueda de la paz.
Honorables
Miembros de la Asamblea Nacional:
En
el año 2004 la factura petrolera ascendió
en la República Dominicana a 1 mil 667
millones de dólares. Para este año
2008, se proyecta que alcance 6 mil 500 millones
de dólares.
Eso
es una diferencia de 5 mil 333 millones de dólares
en tan sólo cuatro años, lo que
equivale a decir que se ha incrementado en 400
por ciento.
En
el 2004 la factura petrolera se financiaba con
los recursos provenientes de las remesas familiares
que ascendieron a 2 mil 230 millones de dólares
y sobraba dinero.
Ahora,
este año, la factura petrolera corresponde
a más del doble de lo que ingresará
por concepto de remesas familiares, ascendentes
a 3 mil 270 millones de dólares.
En
resumen, el monto proyectado de la factura petrolera
de este año, representa casi el doble del
monto de la deuda externa registrada al culminar
nuestra primera gestión de gobierno en
el año 2000.
La
situación de altos precios del petróleo,
de los alimentos y demás materias primas,
así como el menor ritmo de crecimiento
de la economía mundial, está teniendo
un impacto de importancia sobre la balanza de
pagos, los niveles de precios y las finanzas públicas
de nuestro país.
Para
encarar con éxito la situación antes
descrita, estamos aplicando, en estos momentos,
un conjunto de medidas de carácter fiscal
y monetario, orientadas hacia el control del gasto,
el mantenimiento de la confianza y la preservación
de la estabilidad económica.
Ahora
bien, hasta este momento, en medio de esta situación
de calamidad de la economía global, ¿cuál
ha sido el comportamiento de la economía
dominicana?
Durante
el primer semestre de este año, la tasa
de crecimiento del PIB fue de 7.5 por ciento,
similar al registrado para el mismo período
del año pasado.
La
inversión extranjera directa alcanzó
el extraordinario monto de 1 mil 511 millones
de dólares, lo que significa un aumento
de 684 millones de dólares con respecto
a igual período del año 2007.
El
turismo y las remesas aportaron ingresos cercanos
a los 4 mil millones de dólares.
Sólo
en el sector turístico, la inversión
proyectada para este año, será de
l mil 896 millones de dólares; para el
2010, de 2 mil 100 millones; y para el 2011, se
estima, hasta ahora, por encima de 1 mil 500 millones
de dólares.
Estamos
conscientes de los grandes retos y desafíos
que nos aguardan durante los próximos cuatro
años. Son retos desafiantes e incluso hasta
intimidantes. Pero por los datos que acabo de
ofrecer, todo esto no hace más que poner
en evidencia la fuerza, el dinamismo y la vitalidad
de la economía dominicana.
Por
todo eso, al iniciar este nuevo mandato presidencial,
me permito reivindicar mi proclama de fe y de
confianza en el futuro de nuestra nación,
para que expresemos una vez más, que en
la República Dominicana, a pesar de los
malos tiempos, ¡e´ palante que
vamos!
Durante
el nuevo ejercicio gubernamental que hoy se inicia,
nos disponemos ejecutar un Programa Macroeconómico
de Mediano y Largo Plazo, orientado a preservar
la estabilidad macroeconómica; lograr un
crecimiento promedio anual del Producto Interno
Bruto de por lo menos un 6 por ciento; procurar
mantener la inflación en un solo digito;
facilitar el financiamiento a los sectores productivos
y asegurar la sostenibilidad de la deuda pública,
privilegiando el gasto social en educación,
salud, agua potable y vivienda.
En
adición, nos proponemos mantener un superávit
fiscal primario en el sector público no
financiero de dos por ciento del PIB; promover
un crecimiento permanente de las reservas internacionales
del Banco Central hasta alcanzar el promedio de
las economías de la región y contribuir
con la necesaria recapitalización del Banco
Central.
Con
unas cuentas fiscales en superávit, un
Banco Central fortalecido y unos adecuados niveles
de reservas internacionales, se aumentaría
la capacidad de la economía para mantener
la confianza, la estabilidad macroeconómica
y protegerse de eventuales nuevos choques externos.
Con
respecto a la cuenta corriente, entendemos que
las correcciones a ser adoptadas en el nuevo programa
de gobierno permitirán que dicho déficit
resulte en torno a un cuatro por ciento del PIB
para el 2009 y continuar esta tendencia a la baja
hasta llegar a un 2.3 por ciento del PIB en el
2012, lo cual sería consistente con los
niveles históricos observados.
Daremos
continuidad al programa de reformas del sector
financiero y fortaleceremos la regulación
y supervisión bancaria. Se introducirá
de nuevo el Proyecto de Modificación de
la Ley Monetaria y Financiera, y se procederá
a la firma de un acuerdo de monitoreo post-ejecución
del Programa Stand by con el Fondo Monetario Internacional.
En
lo que respecta a la Ley para la Recapitalización
del Banco Central, en el Presupuesto Suplementario,
que acaba de ser aprobado, quedó establecido
de manera taxativa, que el Poder Ejecutivo incluirá
en el Fondo General el pago de las letras y bonos
de recapitalización, y los que correspondan
al 2009, con la finalidad de que al cierre de
dicho ejercicio fiscal quede regularizado completamente
mediante las apropiaciones presupuestarias correspondientes.
Señoras
y Señores:
Nada
hay tan degradante para el ser humano como el
hambre. Nada tan humillante e ignominioso. Nada
tan desgarrador. El hambre equivale a una sentencia
de muerte. El hambre es moral y políticamente
inaceptable, y por consiguiente, tiene que desaparecer
de la República Dominicana y de la faz
de la Tierra.
Sin
embargo, en los últimos doce meses ha habido
a nivel mundial una escalada alcista sin precedentes
en los precios de los principales productos de
la canasta familiar, que tienden a incrementar
los niveles de pobreza y de hambre en el mundo.
Pero,
de igual manera, ha habido un incremento drástico
de los precios de los principales insumos de la
producción agrícola y animal, como
son fertilizantes, gasoil, maíz y soya.
Obviamente,
esa situación se encuentra ligada al alza
de los precios de los combustibles en los mercados
internacionales. Pero también hay otros
factores que lo explican, como, por ejemplo, la
disminución de la oferta alimentaria por
el abandono internacional que ha habido en la
producción agropecuaria; los trastornos
del cambio climático que ha desatado, tanto
sequías prolongadas, como fuertes inundaciones;
el incremento del poder adquisitivo de varios
países de economía emergente, que
ha modificado los patrones de alimentación
de sus poblaciones; el subsidio a la producción
y exportación de productos agrícolas
en los países desarrollados, lo que ha
generado un comercio desleal que desincentiva
el desarrollo agropecuario de los países
en vías de desarrollo; el cambio de orientación
de una agricultura para la producción de
alimentos a una agricultura para la producción
de biocombustibles, sobre todo extraído
de maíz; y finalmente, al igual que el
petróleo, la especulación en la
suscripción de contratos a futuro.
El
panorama no pudiera ser más desolador.
Para la República Dominicana, sin embargo,
podría representar la gran oportunidad
que durante años se estuvo soñando
para volver a impulsar el desarrollo del sector
agropecuario nacional.
Desde
hace décadas nuestros productores del campo
se venían quejando, con razón, de
que debido a los fuertes subsidios a la producción
agrícola por parte de los países
desarrollados, lo que abarataba el precio de sus
productos, ellos no se encontraban en condiciones
de competir.
Ahora,
sin embargo, al subir tanto los precios de los
productos que vienen del exterior, el productor
nacional se encuentra, por vez primera, con la
posibilidad de hacer una sustitución competitiva
de importación, al producir bienes de igual
o mejor calidad que los importados y a un precio
más asequible a los consumidores.
Para
lograr eso, sin embargo, se requiere de un proyecto
de transformación y modernización
del sector agropecuario. Se requiere aumentar
la productividad por tarea de tierra cultivable,
reducir costos en la producción, promover
el uso de las modernas tecnologías, fomentar
la investigación y extensión en
lo relativo al mejoramiento de semillas, uso eficiente
del agua, energía y fertilizantes en las
fincas, y la reducción de las pérdidas
post-cosecha a través de una adecuada cadena
de fríos, empaque, almacenamiento y distribución
de productos.
Es
sabido que el sector agropecuario necesita de
fuentes de financiamiento para responder a los
desafíos existentes en las nuevas condiciones
del mercado. Por tales razones, estoy solicitando
a las Autoridades Monetarias y Financieras someter
a la Junta Monetaria que, de manera transitoria,
la cartera de crédito que otorgue la banca
comercial múltiple y el sector financiero
en general a la agropecuaria reciba una calificación
A, con la finalidad de garantizar la seguridad
alimentaria en el corto plazo.
Para
la garantía de la banca, se solicitará
al Congreso Nacional que autorice una emisión
especial de bonos por un monto de 5 mil millones
de pesos que servirían de aval a los préstamos
otorgados.
El
Banco Agrícola de la República Dominicana
pasará a ser una Corporación de
Crédito Agropecuario, dirigido a la sostenibilidad
de los pequeños productores. Los pasivos
de terceros, o sea, las cuentas de ahorro de dicho
banco, pasarán al Banco de Reservas y serán
redimidas en un período de cuatro años,
con los beneficios que le pertenezcan al Gobierno
dominicano.
Estoy
autorizando al Secretario de Estado de Hacienda
a gestionar ante los Fondos de Pensiones 7 mil
millones de pesos para préstamos al sector
agropecuario, garantizando la tasa del mercado.
De
igual manera, estoy sometiendo a la consideración
del Congreso Nacional un anteproyecto de ley tendente
a la creación en el país de un Sistema
de Garantía Recíproca para el sector
de la micro, pequeña y mediana empresa
(MYPIMES), tanto rural como urbana, que tendrá
como objetivo facilitar y viabilizar el acceso
al crédito bancario.
Estoy
sometiendo, de la misma manera, a la consideración
de nuestras cámaras legislativas un Anteproyecto
de Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional,
que será el marco de acción del
Consejo de Seguridad Alimentaria, el cual apoyándose
en el derecho humano a la alimentación,
garantice lo que se tiene como universalmente
válido, que es el derecho de toda
persona a tener en todo momento acceso físico,
económico y social a suficientes alimentos
inocuos y nutritivos, para satisfacer sus necesidades
alimenticias y sus preferencias a fin de llevar
una vida activa y sana.
En
el presupuesto del año próximo,
asignaremos una partida presupuestaria para fortalecer
y generalizar el Seguro Agropecuario y haremos
las gestiones pertinentes para lograr facilidades
crediticias para programas de financiamiento a
largo plazo para dicho sector.
Para
proteger aún más de la crisis a
los sectores más vulnerables de la población,
en el marco de la Red de Protección Social,
durante los próximos cuatro años,
la ampliación del Programa Solidaridad
no sólo implicará un aumento de
la cobertura en términos del número
de beneficiarios y monto de las transferencias
actuales, sino la aplicación de los siguientes
programas:
Primero:
Programa de Suplementos Alimenticios, con fortalecimiento
de nutrientes para niños y niñas
de 0 a 5 años de edad, grupo que tiende
a ser el más afectado en situaciones de
crisis.
Segundo:
Programa Tu Compromiso, orientado a reducir la
deserción escolar de los jóvenes
en condiciones de pobreza.
Tercero:
Programa Retorno y Permanencia a la Escuela, cuya
finalidad es la de asegurar que las madres adolescentes
embarazadas entre 13 y 18 años de edad
puedan continuar sus estudios.
Cuarto:
Ampliación de la cobertura del Programa
de Protección a la Persona Envejeciente
en Pobreza Extrema (PROVEE), en un 50 por ciento
con relación a la vigente en el 2008, lo
que implica incorporar 25 mil nuevos adultos mayores;
y
Quinto:
Programa de Transferencia para indigentes en discapacidad;
Finalmente,
con el propósito de promover oportunidades
de empleo para los más desvalidos, se procederá
al establecimiento de agencias de microcrédito,
lo que les permitirá pequeñas inversiones
para instalar, poner en marcha y desarrollar,
una pequeña actividad económica,
con lo que se fomentará la creación
de empleos y el mejoramiento del nivel de ingresos
de los beneficiarios.
Así,
con ese conjunto de medidas, el Gobierno que hoy
nace reitera su voluntad y su compromiso con los
sectores más pobres de nuestra población,
para que puedan desarrollar una vida digna, justa
y honorable, como se lo merecen.
Ahora
bien, Señoras y Señores, la República
Dominicana, como nación, tiene que mirar
más allá de la crisis. Tiene que
plantearse objetivos estratégicos de mediano
y largo plazo que garanticen la continuidad de
su proceso de modernización y desarrollo,
que sea social y territorialmente incluyente y
compatible con la naturaleza.
Al
reflexionar sobre estos aspectos, partimos de
la premisa de que hacia la década de los
años 80, la República Dominicana
inició un proceso de transformación
de una economía que había sido esencialmente
exportadora de azúcar, café, tabaco
y cacao, hacia un nuevo modelo de desarrollo,
fundamentado en las áreas de zonas francas,
turismo, remesas, telecomunicaciones y servicios
financieros.
Durante
más de 25 años ese modelo ha resultado
exitoso, y nuestro país ha sido objeto
de reconocimientos y elogios internacionales por
los logros alcanzados a lo largo de esos años.
Pero
ocurre que al tiempo que los sectores antes mencionados
se iban desarrollando, los sectores tradicionales
de la industria local y la agropecuaria, es decir,
lo que constituye nuestro sector productivo, se
iba rezagando.
Los
principales efectos de ese rezago han sido la
migración del campo hacia las ciudades,
la creación de una marginalidad social
y de una pobreza urbana, así como el refugio
de esa población en actividades económicas
informales.
Como
desafortunadamente hemos podido comprobar, algunos
sectores vinculados a la producción global
han contribuido a crear una falsa apreciación
del concepto de competitividad, el cual parecería
entenderse como reducción de costos en
la producción mediante el pago de bajos
salarios.
Eso
es lo que ha ocurrido, en los últimos años,
con el área de textiles de las zonas francas
de Centroamérica y el Caribe, las cuales
se han visto desplazadas por el surgimiento de
una competencia feroz en Asia que depende esencialmente
de bajos salarios.
Esa
es otra de la perfidia y de la injusticia que
tiene el actual sistema económico global,
pues pone a las naciones y a las empresas a competir
entre sí, sobre la base de quien paga menor
salario a sus trabajadores.
Eso
es inaceptable en este siglo XXI. Eso también
tiene que cambiar. Para lograrlo proponemos que
en lugar de una competitividad fundamentada en
una mano de obra barata y poco calificada, debemos
promover una competitividad cimentada en la producción
de bienes y servicios que tengan mayor valor agregado,
mediante la incorporación de la innovación
y la tecnología y el desarrollo de respuestas
ágiles y flexibles a las cambiantes demandas
de los mercados.
Todo
eso, supone, pues, un ajuste a nuestro actual
modelo de desarrollo. Supone la incorporación
de nuestros sectores productivos a una Estrategia
Nacional de Competitividad que nos permita aprovechar
el acceso a los mercados globales alcanzado con
la suscripción de acuerdos de libre comercio
con los Estados Unidos, Centroamérica y
Europa.
Eso
también va a requerir, por supuesto, de
trabajadores capacitados para asimilar nuevos
procesos, de empresarios innovadores, dispuestos
a enfrentar el desafío de reorganizar sus
procesos productivos y de un Gobierno, como estamos
dispuestos a hacerlo, que brinde el apoyo requerido
para esa reestructuración productiva.
Como
habrán podido Uds. advertir, no es que
estemos opuestos a la globalización. Este
es un fenómeno irreversible, característico
del sistema económico transnacional e interdependiente
que hoy predomina en el mundo. Lo que abogamos
es que sea una globalización justa y solidaria.
La
Estrategia Nacional de Competitividad fomentará
la creación del Sistema Nacional de Innovación
y Desarrollo Tecnológico, que dará
lugar a la formación de una red de incubadoras
de empresas; promoverá un programa de competitividad
de la mediana, pequeña y microempresa y
desarrollará los clusters de agronegocios,
textiles, confecciones, calzado y construcción.
En
el sector turístico debemos proponernos
superar, sin pretender desestimarlo, la modalidad
del paquete todo incluido, para de esa manera
atraer turistas que estén dispuestos a
pagar servicios de mayor calidad.
Debemos
diversificar la oferta turística y en lugar
de playa, sol y arena, que al fin y al cabo es
lo que también tienen nuestros competidores,
podamos desarrollar el turismo de montañas,
de aventuras, de cruceros, de deportes, etc.,
como ya sé estamos realizando.
Debemos
integrar el turismo al desarrollo de las comunidades,
para que los beneficios del mismo sean más
extendidos. Debemos seguir ampliando toda la infraestructura
necesaria para la consolidación de los
distintos polos y disponer de un ordenamiento
territorial adecuado. Debemos continuar nuestros
actuales niveles de promoción y desarrollar
una marca país que sirva de difusión
de la imagen de la República Dominicana.
Debemos estar siempre atentos a eventuales problemas
de salubridad y proveer seguridad pública.
Debemos, finalmente, prestarle atención,
mucha atención, a la formación de
nuestros recursos humanos, porque una estrategia
exitosa de competitividad nacional siempre va
a requerir de una política de calidad total.
¡Esa
es la República Dominicana a que aspiramos!
Una República Dominicana moderna, en permanente
progreso, con capacidad exportadora, integrada
a los flujos internacionales de bienes y servicios,
y proveyendo bienestar a todos sus ciudadanos.
Obviamente,
no podemos alcanzar los sueños y las aspiraciones
de una República Dominicana moderna y próspera
si no logramos resolver, de manera definitiva,
los problemas del sector eléctrico nacional.
En
la actualidad, el sector se ve severamente afectado
por los altos costos de generación, debido
al incremento de los precios de los combustibles
en los mercados internacionales.
Ese
aumento desmesurado en los precios de los combustibles
ha dejado fuera de operación cientos de
megavatios en turbinas a gas, cuyos costos de
producción resultan muy elevados y ha limitado
de manera considerable la capacidad de generación
de una serie de plantas térmicas, debido
a su baja confiabilidad y eficiencia.
Pero
además, la demanda de energía ha
seguido creciendo en la misma proporción
en que ha ido creciendo nuestra economía.
Todo
eso lo que indica es que para evitar desabastecimiento
en el futuro, se hace impostergable aumentar la
capacidad de generación, para que esta
resulte más confiable y a costo más
económico.
Durante
los últimos dos años se ha venido
trabajando con el sector privado para instalar
y operar dos centrales a carbón mineral
de 600 megavatios cada una; y en lo que respecta
a la conversión de Cogentrix, los propietarios
de esta Central han llegado a un acuerdo con la
Empresa AES Dominicana y con CDEEE, para iniciar
la obra del gasoducto el próximo mes de
septiembre, a los fines de convertirla al uso
de gas natural en lugar de gasoil.
Esta
medida nos permitirá disponer de 300 megavatios
de uso continuo, en lugar de la operación
temporal actual. En otras palabras, dispondremos
de una mayor cantidad de energía a más
bajo precio.
Así
mismo, el gobierno está construyendo cerca
de 300 megavatios en plantas hidroeléctricas,
como Pinalito, Palomino, Las Placetas, Magueyal,
Las Barias, Pryn Brazo Derecho, Artibonito y la
expansión de Hatillo.
Un
conjunto de proyectos de energía eólica
de más de 700 megavatios está siendo
analizado con miras a su implementación
aprovechando las facilidades contempladas dentro
de la Ley de Incentivos de Energía Renovable
número 57-07.
El
Gobierno dedicará todo su esfuerzo para
completar la Autopista Eléctrica Santo
Domingo-Santiago a 345 mil voltios, cuya construcción
está avanzada.
Otros
proyectos de transmisión a 345 mil voltios,
como las Líneas Pepillo Salcedo-Santiago,
semi anillo Santo Domingo y Hatillo-Julio Sauri,
también serán construidos y puestos
en operación dentro del período
gubernamental que hoy se inicia.
De
igual manera, serán construidos varios
proyectos de líneas de transmisión
y subestaciones asociadas a 138 mil voltios.
En
materia de ahorro de energía, importantes
medidas están siendo ejecutadas, como es
el caso de la sustitución de diez millones
de bombillas incandescentes, por bombillas fluorescentes
de bajo consumo.
Esta
medida permitirá a los consumidores pagar
2 mil millones de pesos menos en facturas de energía
por año, sin disminuir la calidad del servicio.
Del
mismo modo, las Empresas Distribuidoras podrán
disminuir sus compras de energía en por
lo menos 2 mil 500 millones de pesos al año
y la demanda máxima de potencia del sistema
se reducirá en alrededor de 170 megavatios,
lo que equivale virtualmente a una planta de tamaño
mediano.
Se
ha avanzado en el aspecto institucional promulgando
la Ley de Incentivo a la Energía Renovable
con su respectivo reglamento de aplicación,
así como la ley donde se establece la criminalización
del fraude eléctrico.
Como
puede observarse, a pesar de las dificultades
creadas por el incremento de los precios de los
combustibles y la continuidad del denominado Acuerdo
de Madrid, el Gobierno se mantiene siempre activo
en la búsqueda de soluciones a este angustioso
y mortificante problema del sector eléctrico
nacional.
Ahora
bien, la reestructuración productiva es
sólo un pilar del nuevo modelo de desarrollo
hacia el cual debe transitar el futuro de la República
Dominicana. Para que éste sea realmente
efectivo y contribuya a mejorar la calidad de
vida de los ciudadanos, debe incorporar entre
sus objetivos el desarrollo de nuestro capital
humano y de nuestras instituciones democráticas.
El
futuro de una nación descansa en su juventud.
Son los jóvenes los que tienen el entusiasmo,
la energía y el talento para crear, innovar
y transformar.
Bill
Gates tenía menos de treinta años
de edad cuando formó la empresa Microsoft,
que ha contribuido a cambiar el mundo mediante
la aplicación de sus productos de software.
Seryey
Brin, el joven ruso que emigró hacia los
Estados Unidos, estaba en sus veinte cuando ya
estaba formando, junto a otros colegas, la empresa
Google, que ha creado unos sistemas de metadata,
de la que dependen millones de personas en el
mundo para la búsqueda de información
por Internet.
Finalmente,
están unos jovenzuelos, entre 18 y 19 años
de edad, que tuvieron la visión y la iniciativa
de crear la página de YouTube, la cual
ha revolucionado el mundo de los medios de comunicación,
y que acaban de vender por más de un billón
de dólares.
Juan
Pablo Duarte, nuestro Padre de la Patria, sólo
tenía 25 años de edad cuando fundó
la República Dominicana.
El
futuro pertenece a los jóvenes. Pero para
que puedan cristalizar sus sueños, tienen
que cultivar desde la niñez su intelecto,
su creatividad, su capacidad de observación,
su curiosidad y su espíritu de innovación,
a través de un sistema educativo que sea
equitativo y de calidad.
En
nuestro país, constituye un imperativo
el fortalecimiento del sistema educativo nacional.
En tal virtud, nos proponemos lograr un aumento
progresivo y sostenido de la inversión
en educación, al tiempo de seguir ampliando
la cobertura escolar y de reducir la sobreedad,
la deserción y la repitencia.
Revisaremos
de manera integral el currículo vigente
para todos los niveles y modalidades y fortaleceremos
el programa de lectura, escritura y matemática
que se desarrolla en el primer ciclo del nivel
básico.
Ampliaremos
el Programa de Bachillerato Acelerado para Adultos
y los programas de nivelación y aceleración
de aprendizaje.
De
igual manera, incrementaremos el número
de Centros de Excelencia del Nivel Medio y expandiremos
la cobertura de los TEVECENTROS.
Impulsaremos el programa de bachillerato por Internet
(Bachinet) y elevaremos la oferta de educación
técnico profesional.
Incrementaremos a dos millones de estudiantes
el número de raciones del programa de Alimentación
Escolar y continuaremos entregando en forma gratuita
los libros de texto a toda la población
estudiantil del sector público.
Dedicaremos
especial atención a la infraestructura
escolar y continuaremos trabajando, de manera
infatigable, en la reducción de la brecha
digital.
En
materia de educación superior, hay un conjunto
de programas e iniciativas, entre los cuales hay
que destacar el programa de becas nacionales e
internacionales y el programa Tarjeta Joven Universitaria,
para favorecer a jóvenes con talento que
requieran de apoyo para la realización
de sus estudios.
Se
promoverá el área de ciencias básicas
e innovación más desarrollo en salud
y biomedicina; medio ambiente y recursos naturales;
biotecnología y recursos genéticos;
producción sostenible y seguridad alimentaria;
desarrollo de materiales; desarrollo de software,
de energía y biocombustibles.
Se
tomarán iniciativas para promover la dignidad
de los maestros.
Al
colocar la nación el futuro de nuestros
niños y de nuestros jóvenes en las
manos de nuestros maestros, nos sentimos comprometidos
a mejorar sus condiciones de vida, a elevar su
nivel profesional, a apoyar su formación
continua y a dotarles de los medios adecuados
para llevar a cabo su venerable y respetada tarea
con el éxito esperado por todos.
Para
nosotros seguirá siendo siempre válida
la consigna de República Dominicana
despierta, que llegó la hora de la escuela.
Pero,
además, estaremos impulsando las áreas
de enseñanza de las escuelas de Bellas
Artes, fundamentalmente, música, pintura,
teatro y danza.
Continuaremos
con los talleres literarios por todo el país,
con la promoción de la industria del cine
y con el fortalecimiento de los Consejos Provinciales
de Cultura.
De
igual manera, impulsaremos políticas para
incorporar al máximo de la población
a la práctica deportiva y recreativa, a
través de programas de iniciación
deportiva para adultos, envejecientes y discapacitados.
En
el área de deporte de competición
y alto rendimiento, se hará una selección
de talentos deportivos a gran escala en todas
las provincias y municipios del país, y
en materia de infraestructura deportiva, nos comprometemos
a culminar la construcción de todos los
polideportivos a nivel nacional.
Esperamos
que con este apoyo, nuestros deportistas se comprometan
con el país a aumentar, de manera significativa,
el número de medallas en los próximos
Juegos Olímpicos del año 2012.
Al
igual que Uds., estoy seguro que así será.
Nada
de cuanto he dicho, sin embargo, puede llevarse
a cabo sin un buen sistema de salud y seguridad
social.
En
ese campo, el objetivo esencial es el de prolongar
y mantener la calidad de vida. Para eso, estamos
cambiando el paradigma o modelo de funcionamiento
del sector salud, de uno tradicional, de carácter
curativo, a uno moderno, de naturaleza preventiva.
Durante
los próximos cuatro años, nos proponemos
en el sector salud desarrollar un primer nivel
de atención de alta capacidad resolutiva
para responder a las primeras necesidades presentadas
por los pacientes.
Se
creará la Red Pública Única,
que consistirá en la integración
de todos los hospitales y centros de salud públicos
en un esquema regional, de carácter descentralizado
y autónomo, la cual mejorará la
eficiencia y calidad de los servicios públicos
de salud.
Se
utilizará la Receta Única para la
dispensación de medicamentos en la red.
Se fortalecerán y ampliarán las
Farmacias del Pueblo y la cartera de medicamentos
que ofrecen.
Durante
la gestión de gobierno que hoy se inicia,
nos proponemos reducir la tasa de mortalidad materna
a 80 por 100 mil nacidos vivos; y disminuir la
mortalidad infantil a 25 por mil nacidos vivos.
De
igual manera, constituyen metas a ser alcanzadas,
el lograr una cobertura de inmunización
de 90 por ciento en todos los municipios del país,
así como emprender acciones para el control
de la malaria, el dengue, la rabia, la tuberculosis
y el VIH-Sida.
Para
el 2012, nuestro objetivo es el de alcanzar la
consolidación del Sistema de Seguridad
Social en el ámbito de salud, pensiones
y riesgos laborales, convirtiéndolo en
el pilar fundamental del sistema de protección
social en el país.
Ahora
bien, compartimos el criterio de que el bienestar
humano sólo puede alcanzarse a plenitud
en un medio ambiente sano.
Nos
preocupa que la importante diversidad biológica
dominicana se encuentre amenazada por la pérdida
de la cubierta vegetal y la disminución
de la productividad del sistema natural, la sobreexplotación
de los recursos naturales, la fuga de recursos
genéticos, y la erosión de los recursos
costeros y marinos.
Para
enfrentar con eficacia esa situación, resulta
imprescindible reformular la Política Nacional
de Medio Ambiente y Recursos Naturales para el
Desarrollo Sostenible, razón por la cual
promoveremos la aprobación de las leyes
sectoriales y especiales sobre ordenamiento territorial,
bosque, agua, biodiversidad, seguridad de la biotecnología,
manejo de residuos sólidos, espacios costeros
y marinos y la reforma de la ley de áreas
protegidas.
Con
la puesta en ejecución de estas iniciativas,
aspiramos a la sostenibilidad del desarrollo de
la República Dominicana; a vivir en armonía
con la naturaleza; a dejar como legado para las
futuras generaciones nuestro actual tesoro ecológico;
y a establecer nuestro compromiso con la preservación
de la Tierra como nuestro hogar común y
la supervivencia de la especie humana.
Esas
serán nuestras más grandes responsabilidades
del siglo XXI.
Señores
Miembros de la Asamblea Nacional. Distinguidas
Personalidades:
El
desarrollo de un país está en relación
directa con el avance de sus infraestructuras.
Durante
las últimas décadas la República
Dominicana, en este aspecto, ha progresado de
manera impresionante y extraordinaria.
Sin
embargo, para acelerar su marcha hacia la modernidad,
es preciso definir un conjunto de proyectos que
garanticen la transformación continua de
nuestra sociedad.
Es
por esta razón que no puedo pasar por alto
la oportunidad de compartir con ustedes la presentación
de los que serán algunos de nuestros proyectos
de desarrollo de infraestructura durante los próximos
cuatro años.
En
tal sentido, nos proponemos concluir la Construcción
del Bulevar Turístico del Este; el Plan
Nacional de Asfaltado; el Puente sobre el Río
Soco; la Carretera Sabana de la Mar-Miches; la
Carretera Bayaguana-El Puerto-Hato Mayor; las
Carreteras Constanza-Duarte-Casabito y Jarabacoa-El
Río-Constanza.
En
el Distrito Nacional, daremos solución
a los grandes entaponamientos que se generan en
la dirección Norte-Sur.
Para
dar respuesta a esa problemática, construiremos
un viaducto en la Ave. Luperón y un túnel
en la 27 de Febrero, entre la Caonabo y la Autopista
6 de Noviembre; un elevado, túnel y rotonda
en las Avenidas 27 de Febrero con Núñez
de Cáceres; 27 de Febrero con Dr. Defilló;
y 27 de Febrero con Ortega y Gasset.
Concluiremos
la prolongación de la Ave. del Puerto,
Francisco Alberto Caamaño Deñó,
hasta el Puente Presidente Peynado.
Construiremos
el Corredor Duarte, conformado por la construcción
del elevado de la Ave. Monumental, el elevado
de Manoguayabo, el elevado de la Núñez
de Cáceres-Teleantillas, el elevado de
la Padre Castellanos (antigua 17); la construcción
de dos puentes paralelos al Puente de la 17 y
el elevado de la Ave. San Vicente de Paul hasta
Las Américas.
La
construcción de esta obra permitirá
incrementar la velocidad de 25 a 60 km/hora, logrando
ahorro en combustible y tiempo a los usuarios,
y garantizando al gran Santo Domingo una solución
integradora.
En
la Provincia de Santiago, también daremos
solución a la problemática del tránsito
en la dirección Norte-Sur, y para ello,
vamos a prolongar y ampliar la calle Sabana Larga
hasta el antiguo Aeropuerto Cibao.
Conectaremos
la Ave. Duarte con la Ave. Francia. Enlazaremos
con un puente la Calle Hatuey con la Calle Enriquillo,
y construiremos pasos a desnivel en la Circunvalación
Sur.
De
igual manera, se construirá una vía
lateral en Cabarete, Provincia Puerto Plata. Construiremos
el Malecón de Nagua, el Malecón
de San Pedro de Macorís y rehabilitaremos
el Puerto de Manzanillo y el muelle de San Pedro
de Macorís.
Terminaremos
la Autopista San Cristóbal-Baní.
Construiremos las circunvalaciones de Baní,
Azua y San Juan de la Maguana, y se concluirá
la carretera San Juan-Batey II-Barahona.
Este
gobierno que hoy se inicia, hará una gran
alianza con el sector privado, bajo el modelo
de asociación público-privada, para
construir grandes proyectos de infraestructura
fundamentales para nuestro desarrollo.
Es
en base a ese modelo que pretendemos construir
la segunda línea del Metro de Santo Domingo
y el tren de carga y pasajeros desde el Puerto
de Haina hasta la ciudad de Santiago.
Asimismo,
con este modelo, nos proponemos construir el Sistema
de Túneles de Sans Souci para agilizar
el tránsito Este-Oeste, el cual conectará
la Ave. George Washington con la Ave. España,
por debajo del Río Ozama.
Terminaremos
La Autovía del Este y construiremos la
Autopista del Coral desde La Romana hasta Bávaro.
Pondremos
en marcha el Proyecto VIADOM, para rehabilitar
las principales carreteras del Norte y Sur del
país, lo que permitirá, además,
terminar la Circunvalación Norte de Santiago,
ampliar a cuatro carriles desde Navarrete hasta
Puerto Plata y extender, también, a cuatro
carriles desde Controba hasta San Francisco de
Macorís.
Para
realizar estas alianzas entre el gobierno y el
sector privado, es necesario un marco legal que
haga posible esta sinergia tan importante para
el desarrollo de las naciones; y por eso, hoy
sometemos nuevamente al Congreso Nacional el Anteproyecto
de Ley General de Asociación Público-Privada,
el cual permitirá la regulación
de la inversión en obras de carácter
público.
Una
de las grandes prioridades asumidas por la presente
administración, fue la construcción
de los Centros Universitarios Regionales de la
Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Nos
comprometimos a edificar ocho centros universitarios
regionales, así como la construcción
y reparación de las distintas facultades
de la sede central.
Ya
hemos inaugurado cuatro de los referidos centros,
y nos proponemos en los próximos meses
a hacer entrega del Centro Universitario Regional
de Bonao, del Centro Universitario Regional Suroeste
(CURSO), ubicado en la provincia de Barahona;
del Centro Universitario Regional Oeste (CURO),
ubicado en el municipio de San Juan de la Maguana;
y del Centro Universitario Regional de Mao.
A
partir del próximo año iniciaremos
la construcción de los edificios de aulas
de la UASD en la Provincia de San Pedro de Macorís.
En
la sede central terminaremos el nuevo Comedor
Universitario con capacidad para 10 mil 860 personas
por día; la Torre Administrativa; el Edificio
de Parqueos; el Edificio de Investigación,
Desarrollo e Innovación, que será
una de las obras de mayor trascendencia científico-tecnológica
del país.
En
esta edificación, instalaremos laboratorios
de alta tecnología: laboratorios de farmacéutica,
de tecnología de alimentos, de biotecnología,
de robótica, mecatrónica, simulación
y de energía y medio ambiente.
Además,
serán remodeladas las facultades de Ingeniería
y Arquitectura, Ciencias, Derecho, Medicina, Humanidades
y Odontología.
Así
mismo, concluiremos en este periodo, las instalaciones
del Instituto Técnico Superior Comunitario
y los Centros Tecnológicos Comunitarios
(CTC); y apoyaremos al Instituto Nacional de Formación
Técnico-Profesional (INFOTEP) en la construcción
del Centro de Apoyo a la Competitividad y Productividad
Empresarial.
En
este próximo gobierno, como puede apreciarse,
pondremos todo el empeño para que los estudiantes
provenientes de familias de bajos ingresos puedan
estudiar en una universidad pública que
ofrezca las mismas condiciones de avance científico
y modernidad que las más avanzadas de la
región.
Creemos
que sólo así se hace Patria.
El
próximo Gobierno se propone construir,
ampliar y reparar más de 16 mil aulas,
instalar más de 600 laboratorios de informática
para nivel básico y cerca de 250 de ciencia
e informática para el nivel medio.
El
programa de obras iniciado por esta administración,
el cual nos proponemos concluir durante los próximos
cuatro años, concedió particular
importancia a la construcción, remodelación
y rescate de los monumentos históricos
y centros culturales del país.
Durante
los próximos días, inauguraremos
el Centro Cívico Cultural del Club Mauricio
Báez, una impresionante obra para la promoción
de la educación y la cultura en el corazón
del Barrio de Villa Juana.
En
estos momentos avanzamos en la ampliación
y reconstrucción de la Biblioteca Nacional
Pedro Henríquez Ureña en la Plaza
de la Cultura; del Archivo General de la Nación,
guardián de la memoria histórica
del pueblo dominicano, y en el próximo
mes de septiembre, inauguraremos el emblemático
Palacio de Bellas Artes de Santo Domingo.
En
nuestra agenda de los próximos cuatro años,
daremos prioridad a la remodelación de
la Plaza de la Cultura, en Santo Domingo, así
como a la construcción de varias ciudades
culturales en las provincias del país,
cuyo modelo iniciamos en la provincia de La Vega,
con la Ciudad Cultural Profesor Juan Bosch.
Durante
la próxima gestión de gobierno,
el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte se
convertirá en un verdadero centro de recreación
para la familia.
Vamos a remodelar, ampliar y reconstruir todas
las edificaciones existentes, y construiremos
además, un parque temático infantil,
un centro de convenciones y parque ferial con
capacidad para 50 mil personas; y estacionamientos
soterrados para 3 mil 500 vehículos.
El
hoy Palacio de los Deportes, será convertido
en la Arena Metropolitana de Santo Domingo Virgilio
Travieso Soto, con todas las comodidades y características
para celebrar actividades deportivas, artísticas
y culturales de clase mundial.
Hemos
planificado construir 10 mil nuevas viviendas
distribuidas en todo el territorio nacional, y
mejorar más de 200 mil a familias pobres
en comunidades y barrios de las principales provincias
del país.
En
el ámbito de la Salud Pública, terminaremos
y equiparemos los distintos subcentros de salud
que se construyen en el país. Terminaremos
la Ciudad de la Salud, un complejo hospitalario
conformado por un Hospital General y de Especialidades,
un Hospital Materno-Infantil, un Hospital Pediátrico,
un Hospital Traumatológico y el Centro
Logístico de Distribución de Medicamentos.
Con
este complejo hospitalario, serán incorporadas
1 mil 080 nuevas camas al sistema nacional de
salud.
Nos
proponemos, en adición, construir varios
centros hospitalarios regionales, que al mismo
tiempo sirvan como hospitales docentes para las
universidades en las distintas regiones a nivel
nacional.
Ampliaremos
el Hospital Marcelino Vélez Santana y concluiremos
el Centro Comprensivo de Cáncer Dr. Heriberto
Pieter en la ciudad de Santo Domingo.
En
el ámbito de la Reforma Integral del Sistema
Penitenciario, construiremos siete centros con
capacidad para 12 mil 800 internos, ubicados estratégicamente
en distintos puntos del territorio nacional.
Como forma de disminuir los efectos de la crisis
alimentaria y lograr que los ciudadanos tengan
acceso a productos de buena calidad, en condiciones
adecuadas y a bajo precio, construiremos la Red
Nacional Alimentaria (RENA), que consiste en la
construcción de mercados mayoristas ubicados
en Santo Domingo, Santiago, Azua y La Altagracia,
y de mercados minoristas, distribuidos en los
principales municipios de las provincias del interior.
El
próximo gobierno centrará su atención
en el suministro de agua potable para una población
creciente. Por consiguiente, la construcción
de acueductos continuará siendo prioritaria
en la agenda de desarrollo nacional.
En
ese sentido, concluiremos en el próximo
periodo de gobierno el Acueducto de Higuey, el
Acueducto Múltiple de Nagua, el Acueducto
de Baní y el Acueducto Múltiple
de Samaná.
Ampliaremos
el Acueducto de San Cristóbal, y en La
Romana, extenderemos el acueducto de ese municipio
y el de Villa Hermosa, y construiremos otros pequeños
acueductos en distintas comunidades.
Estas
inversiones beneficiarán a mas de un millón
900 mil personas.
De
igual manera, para proveer de agua suficiente
en el mediano y largo plazo a la ciudad de Santo
Domingo, construiremos una obra de abastecimiento
de agua sobre el río Haina y se ampliará
la capacidad de producción del proyecto
Barrera de Salinidad.
Con
la realización de estos proyectos, se logrará
incrementar la capacidad de suministro de agua
en 294 millones de galones diarios, suficientes
para dotar del preciado líquido durante
más de 15 años a la Ciudad de Santo
Domingo.
El
Gobierno construirá la presa de Monte Grande
que suplirá de agua al Acueducto Regional
del Suroeste, al tiempo que servirá para
controlar las inundaciones que cada año
afectan a más de medio millón de
habitantes de Tamayo, Jimaní y otros municipios
de la provincia de Barahona.
Así
mismo, concluiremos la construcción de
la presa de Guaiguí en la provincia de
La Vega, lo que permitirá que más
de 90 mil tareas de tierra tengan suministro de
agua seguro para riego, y se puedan mitigar las
crecidas del río Yuna, que tantas dificultades
han provocado en las comunidades aledañas.
Por el conjunto y la diversidad de obras a realizarse
durante los próximos cuatro años,
es evidente que el gobierno que hoy se inicia
no tendrá descanso ni para respirar en
su tarea de transformación de la sociedad
dominicana.
¡Que
bueno que así sea!
Señoras y Señores:
En la República Dominicana anhelamos la
realización de una Revolución Democrática.
Esa revolución consiste en la construcción
de un Estado moderno, transparente, con equidad
de género y eficiente, al servicio de los
ciudadanos.
Para lograrlo, hemos impulsado durante los últimos
cuatro años una de las reformas más
profundas de la historia nacional en el área
de la administración pública.
Hemos elaborado una nueva Ley de Presupuesto;
una Ley de Contraloría General de la República;
una Ley de Tesorería; una Ley de Contabilidad
Gubernamental; una Ley de Crédito Público;
y una Ley de Compras y Contrataciones.
Se ha creado una Secretaría de Estado de
Economía, Planificación y Desarrollo,
a partir del antiguo Secretariado Técnico
de la Presidencia, y una nueva Secretaría
de Estado de Hacienda, en sustitución de
la Secretaría de Estado de Finanzas.
La
Dirección General de Impuestos Internos
y la Dirección General de Aduanas tienen
ahora autonomía funcional, administrativa,
técnica y presupuestaria.
Esas
reformas se han hecho tomando en consideración
las mejores prácticas internacionales y
las condiciones particulares de nuestra economía,
y en poco tiempo han contribuido a institucionalizar
el manejo de las finanzas públicas del
país.
La
Ley de Función Pública introduce
transformaciones importantes en lo relativo al
acceso, permanencia y ascenso, en base al mérito,
de los servidores públicos; y la nueva
Ley Municipal, la cual promueve mecanismos de
descentralización y participación
en la construcción del desarrollo local.
Todas
esas reformas resultarían irrelevantes,
sin embargo, si al mismo tiempo no logramos prevenir,
perseguir y castigar esa hidra de siete cabezas
que erosiona la credibilidad y legitimidad del
sistema político democrático: la
corrupción.
Reafirmo
aquí, en estos momentos, mi compromiso
de desplegar todos los esfuerzos necesarios para
llevar a cabo la ejecución del Plan Estratégico
Nacional de Ética, Prevención y
Sanción de la Corrupción. El compromiso
para que ningún acto comprobado de corrupción
quede impune en la República Dominicana,
ni para que ninguna acción dolosa o fraudulenta,
en perjuicio del interés nacional, quede
sin ser ejemplarmente sancionada.
Pero
al igual que una política de tolerancia
cero frente a la corrupción, en nuestro
país se requiere, fundamentalmente, de
una Revolución Moral, que establezca como
Norte el sentido de la ética, la integridad
y la transparencia.
Una
Revolución Moral que instaure como principio
el criterio de que no puede haber mayor riqueza
en el mundo que el sentido del honor y la satisfacción
del deber cumplido.
Un
gigante del pensamiento universal, Aristóteles,
con su clásica sabiduría, llegó
a sentenciar que: Somos lo que hacemos cada
día. De modo que la excelencia no es un
acto, sino un hábito.
En
febrero de 2005, nuestro Gobierno lanzó
el Plan de Seguridad Democrática como una
respuesta integral para enfrentar el problema
de la criminalidad, a través del Programa
Barrio Seguro, y de una serie de reformas para
profesionalizar y fortalecer la Policía
Nacional y la Procuraduría General de la
República.
Si
bien hemos logrado avances importantes, nuestro
progreso aún no ha sido suficiente para
combatir las fuerzas criminales transnacionales
que cuentan con grandes recursos y vínculos
locales.
Los
hechos recientes de violencia acaecidos en el
país, han generado una gran consternación
y constituyen una voz de alerta de que bajo ninguna
circunstancia debemos decaer en el combate a las
drogas y a la criminalidad
Asimismo,
el Gobierno dominicano reitera su compromiso de
aplicar con energía todas las medidas requeridas
para impedir la producción, distribución,
tráfico y consumo de drogas ilícitas
en nuestro territorio nacional; de frenar la utilización
del sistema económico y financiero para
el lavado de activos y de reprimir toda acción
delictiva que ponga en riesgo la seguridad de
la ciudadanía.
En
los próximos días estaré
convocando de nuevo al Consejo de Seguridad Democrática
para tomar nuevas medidas en una alianza con distintos
sectores de la sociedad para reforzar la seguridad
de nuestros ciudadanos.
Los
capos de la droga y del crimen, pues, que escuchen
bien, porque aquí, en la República
Dominicana: ¡no pasarán!
Son
múltiples las reformas que aún están
pendientes de realizarse para consolidar nuestra
democracia y mejorar la calidad de nuestro sistema
político.
En
el ambiente nacional, por de pronto, se percibe
una especie de fatiga electoral. Son cada vez
más las voces que reclaman la unificación
de las elecciones presidenciales, congresionales
y municipales para el mismo año.
Se
requiere de un diálogo social permanente
que incluya a las fuerzas políticas y a
los distintos sectores de la vida nacional, para
promover la gran unidad que permita la protección
de la República Dominicana de todas las
fuerzas adversas que puedan obstruir su marcha
hacia el progreso.
Nos
comprometemos, en todo momento, a ser promotores
de ese gran consenso nacional necesario, para
dentro de un marco democrático, garantizar
el desarrollo integral de la sociedad dominicana.
Apelamos
a ese consenso de las distintas fuerzas políticas
nacionales para la aprobación de una reforma
al sistema electoral vigente y de una Ley de Partidos
Políticos que garantice la democracia interna,
la participación y la transparencia de
las organizaciones partidarias.
Apelamos
también a ese pacto entre los distintos
sectores políticos del país para
debatir y aprobar el Proyecto de Reforma Constitucional,
que luego de una masiva, democrática y
entusiasta Consulta Popular, tendré el
honor de someter, durante los próximos
días, por ante nuestras cámaras
legislativas.
Aprovecho,
pues, el escenario de esta Augusta Asamblea para
invitar formalmente a los representantes de las
distintas fuerzas políticas para que dejando
de lado nuestras naturales discrepancias políticas,
coloquemos el interés nacional y patriótico
como nuestro estandarte, y entre todos, hagamos
realidad el sueño de una Revolución
Democrática en la República Dominicana.
Este
sueño de una Revolución Democrática
en la República Dominicana no tiene fronteras.
Se hace extensivo a nuestros compatriotas en el
exterior, que tanto luchan y se sacrifican por
el bienestar de sus familias y de toda la sociedad
dominicana.
A
ellos, a quienes tanto apreciamos y valoramos,
les hacemos partícipes de todo este proceso
de cambios y transformaciones por el que debe
transitar la República Dominicana.
Estoy
convencido de que al formular esta invitación
de diálogo a las fuerzas vivas del país,
no hago más que recoger los más
profundos sentimientos de nuestro pueblo, que
lo único que realmente desea es paz, progreso
y bienestar.
Sé
también que estoy interpretando el pensamiento
genuinamente democrático de nuestros Padres
Fundadores, de Duarte, Sánchez y Mella,
y del paladín de la epopeya Restauradora,
Gregorio Luperón.
Señoras
y Señores.
La
lucha por la construcción de una Revolución
Democrática en el Siglo XXI en la República
Dominicana, es y será, una lucha contra
el hambre, una lucha contra la pobreza, una lucha
contra la ignorancia, una lucha contra la corrupción
y una lucha contra el crimen y las drogas.
Al
iniciar este nuevo período presidencial,
en medio de tantas adversidades e incertidumbres
en el mundo, pido a Dios que no sólo me
brinde la sabiduría de Salomón,
sino la valentía de David y la paciencia
de Job, para conducir a nuestro país por
senderos de libertad, progreso y justicia social.
¡Que
vivan los héroes de la Independencia y
la Restauración!
¡Que
Viva la República Dominicana!
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Gabinete
tiene pocas figuras nuevas
Incorporan a Jaime David Fernández, Francisco
Javier García y Franklin Rodríguez
16.08.08 - Temístocles Montás estuvo
feliz en ser confirmado.
El presidente Leonel Fernández nombró
el gabinete de su nuevo Gobierno y lo juramentó
durante una ceremonia celebrada en el Palacio
Nacional.
Mediante
decreto 293-08, fueron nombrados secretario de
las
- Fuerzas Armadas el mayor general Pedro R.
Peña Antonio y
- Secretario de la Presidencia, César
Pina Toribio,
-
Secretario de Educación, Melanio Paredes
, en sustitución de Alejandrina Germán,
quien fue nombrada secretaria de la Mujer.
José
Ramón Fadul, va a la Secretaría
de Industria y Comercio, mientras que Francisco
Javier García, a Turismo.
El
ex vicepresidente Jaime David Fernández
Mirabal fue integrado al gabinete como secretario
de Medio Ambiente.
Max
Puig sustituye en la Secretaría
de Trabajo a Fadul.
Franklin
Rodríguez reemplaza en la Secretaría
de la Juventud a Manuel Crespo.
Fueron
confirmados como canciller Carlos Morales Troncoso,
Juan Temístocles Montás,
en la Secretaría de Planificación
y Economía, Luis Manuel Bonetti,
secretario Administrativo, Radhamés
Jiménez Peña, en la Procuraduría
General de la República, Vicente Bengoa,
confirmado en Hacienda, Franklin Almeyda Rancier,
en Interior y Policía, Ligia Amada Melo,
en la Secretaría de Educación Superior
Ciencia y Tecnología.
Felipe
Payano, fue ratificado en la Secretaría
de Deportes, Salvador Jiménez, en
Agricultura. Víctor Díaz Rúa,
en Obras Públicas, mientras que en las Secretarías
de Cultura, José Rafael Lantigua,
Bautista Rojas Gómez, Ramón
Ventura Camejo, en Salud Pública y la
Secretaría de Administración Pública.