Discorso
del presidente Leonel Fernández davanti all' Assemblea
riunita di Senato e Parlamento
Santo
Domingo, 27.02.06
Honorable
Señor Presidente de la Asamblea Nacional, Lic.
Andrés Bautista
Honorable Señor Presidente de la Cámara de
Diputados, Lic. Alfredo Pacheco
Honorable Señor Vice-presidente de la República,
Dr. Rafael Alburquerque
Honorable Señor Presidente de la Suprema Corte de
Justicia, Dr. Jorge Subero Isa
Honorable Señor Presidente de la Junta Central Electoral,
Dr. Luis Arias Núñez
Honorables Miembros de la Asamblea Nacional
Señores Secretarios de Estado
Monseñor Timothy Broglio, Nuncio de Su Santidad,
Benedicto XVI
Señores Miembros del Cuerpo Diplomático
y Consular
Autoridades Civiles y Militares
Invitados Especiales
Señoras y Señores:
Con
el discurrir del tiempo, cuando los conflictos actuales
se hayan disipado y las pasiones estén desvanecidas,
el año 2005 será verdaderamente reconocido
en la historia nacional como el Año de la Recuperación.
En el día de hoy podemos congratularnos por haber
logrado lo que en algún momento parecía una
mera ilusión, una utopía inalcanzable.
Con el trabajo y el sacrificio de todos los sectores de
la vida nacional hemos vencido inmensos obstáculos
para relanzar a nuestro país por la senda del progreso
y la prosperidad.
Desde este solemne lugar y en esta magna ocasión
en que celebramos un nuevo aniversario de nuestra Independencia,
permítanme extender mi más sincero reconocimiento
a todos nuestros conciudadanos por haber realizado esta
obra titánica, que sólo puede ejecutarse cuando
existe un verdadero compromiso con la causa sagrada de la
Patria.
Nunca, en ningún momento de nuestro discurrir histórico,
el pueblo dominicano se ha sentido intimidado por la magnitud
de los desafíos a que ha tenido que enfrentarse;
y siempre, en todo caso, ha salido de cada episodio con
más brío, más ímpetu y mayor
energía.
Una vez más, en el 2005, lo logramos, y como resultado
de nuestro trabajo y de nuestra unidad como nación,
autoridades de prestigio mundial y organismos internacionales
se han expresado en términos encomiables sobre nuestro
país.
Así, por ejemplo, en más de una ocasión,
don Enrique Iglesias, ex director del Banco Interamericano
de Desarrollo (BID), ha considerado que la rápida
reactivación de la economía dominicana es
un fenómeno inédito y asombroso, que le ha
dejado en la perplejidad, pues según él, no
encuentra explicación en los conceptos convencionales
de los manuales de economía.
De igual manera se ha expresado la prestigiosa revista,
Latin Finance, la cual, en su edición del mes de
octubre del 2005, se refiere a la experiencia dominicana
en los términos más elogiosos, indicando que
ha sido posible por lo que califica como un "toque
de magia."
Por su parte, Agustín Carstens, encargado del programa
del Fondo Monetario Internacional con nuestro país,
en una carta que envía a mi persona, fechada 10 de
febrero del presente año, indica lo que sigue:
"Cumplido un año de la aprobación del
Acuerdo Stand-By por parte del Directorio Ejecutivo del
Fondo Monetario Internacional, me complace extenderle mi
felicitación por el exitoso resultado de las políticas
económicas implementadas por su gobierno.
"En efecto, continúa diciendo el doctor Carstens,
he observado con agrado que la implementación de
políticas fiscales y monetarias prudentes ha tenido
como resultado alejar el fantasma de la cesación
de pagos internacionales y restaurar la confianza de los
agentes económicos, logrando a la vez una dramática
reducción de la inflación y una vigorosa recuperación."
Al iniciarse el año 2005, el Fondo Monetario Internacional
había pronosticado que tendríamos un crecimiento
del producto interno bruto de 2.5 por ciento. Luego, ese
pronóstico sería sustituido por 3.5%; después,
por 4.5%; más adelante, por 6%; posteriormente, por
7%. Finalmente, terminamos, al igual que en la segunda mitad
de los años noventa, con el más alto nivel
de crecimiento económico de toda América Latina,
de 9.3 por ciento.
En el año 2004, el crecimiento de nuestra economía
fue de apenas 2.0 por ciento, de manera que haber sobrepasado
el 9 por ciento en el 2005 no ha sido sólo sorpresivo,
sino dramático y espectacular.
En el año 2004, la producción de bienes y
servicios de la economía dominicana, valorada en
dólares norteamericanos, fue cerca de 19 mil millones.
En cambio, en el 2005, alcanzó una suma superior
a los 29 mil millones de dólares, lo cual representa
un incremento de 55 por ciento y la mayor cantidad generada
en términos de riqueza nacional de todos los tiempos.
De conformidad con las informaciones del Banco Central,
todas las actividades que conforman el producto interno
bruto, con excepción de minería, registraron
un comportamiento positivo, cambiando, en algunos casos,
la tendencia negativa registrada en el 2004.
El turismo creció en 7.6 por ciento. El número
de visitantes llegó a 3. 7 millones de personas,
la mayor cantidad que haya llegado jamás a nuestro
país. Esto generó para nuestra economía
un ingreso superior a los 3 mil 527 millones de dólares.
Por su parte, el sector agropecuario creció en 7.2
por ciento, un avance extraordinario en comparación
con los años 2003 y 2004, cuando se registró
una disminución de la producción agropecuaria
de 2.6 por ciento.
En el año 2005, el sector agropecuario desarrolló
una amplia gama de acciones, entre las cuales cabe destacar
la ejecución del programa de recuperación
de la producción de alimentos básicos (REPROABA),
con la siembra de 1 millón 400 mil tareas de 17 cultivos;
la aplicación del programa de pignoración
de arroz, apoyado con más de 3 mil 500 millones de
pesos provenientes de la banca comercial, contribuyó
grandemente a garantizar la rentabilidad de los productores
y precios razonables a los consumidores; el inicio del programa
de control y erradicación de la peste porcina clásica
cuya meta es declarar al país libre de esta enfermedad
y poder exportar productos cárnicos a los mercados
internacionales; y la creación de la Comisión
Rectora de la Reforma y Modernización del Sector
Agropecuario, con el objetivo de mejorar la competitividad,
la equidad y la sostenibilidad.
Por su parte, el sector manufactura creció 5.4 por
ciento. El comercio, una de las actividades económicas
de mayor dinamismo, aumentó en 19.8 por ciento. El
transporte registró el crecimiento de 10.1 por ciento
y comunicaciones un excepcional 26.8 por ciento.
El sector de la construcción, que desde el 2003 experimentaba
una tendencia negativa, emergió con un crecimiento
de 6.2 por ciento.
Más aún, durante el último trimestre
del año, se disparó, de manera impresionante,
con un crecimiento de 26.4 por ciento.
Para lograr este sensacional aumento de actividad en el
área de construcción, el factor determinante
fue la baja de los precios de materiales de construcción,
como cemento, varillas y otros, al igual que la disminución
en las tasas de interés para el sector, que fue de
un 8 por ciento.
En el año que acaba de transcurrir, la expansión
real del consumo privado fue de 16.9 por ciento. La inflación
sólo fue de 7.4 por ciento, lo cual representa una
baja estrepitosa con relación al 28,7 por ciento
del año 2004.
La tasa de cambio del peso con relación al dólar
norteamericano se mantuvo estable, oscilando en una banda
entre 30.40 y 33.40 pesos por dólar.
A nuestra llegada al gobierno, las reservas internacionales
brutas del Banco Central daban nada más para dos
semanas de importaciones nacionales. Al finalizar el año
2005, llegaron a ser suficientes para cubrir tres meses.
En cuanto a las reservas internacionales netas, terminaron
el año pasado en 859 millones de dólares,
lo cual supera significativamente la meta de los dos años
del programa con el FMI de 650 millones de dólares.
La tasa de interés de los préstamos bancarios
pasó de 32 por ciento en diciembre del 2004 a 21
por ciento en diciembre del 2005.
Esa significativa reducción de la tasa de interés
propició una expansión de la cartera de la
banca comercial que aumentó en alrededor de 24 mil
millones de pesos con relación al 2004.
En el 2005, por primera vez desde el 2000, el desempleo
disminuyó en la economía dominicana. Se crearon
alrededor de 100 mil nuevos empleos, y es meta de nuestro
gobierno que para el 2008 se hayan creado quinientos mil
nuevos empleos en la República Dominicana.
Todo cuanto hemos señalado aquí es de fácil
comprobación en la vida cotidiana del pueblo dominicano.
Para mayor ilustración nos permitimos presentar algunos
casos.
Las importaciones de vehículos de motor pasaron de
407 millones de dólares en el 2004 a 956 millones
en el 2005.
El año pasado se registraron casi 34 mil vehículos
privados, lo que superó en un 167 por ciento la cantidad
registrada en el 2004.
De igual manera, en el 2005 se registraron 16 mil vehículos
de carga, un incremento de un 132 por ciento con relación
al año anterior.
El número de autobuses privados pasó de 2
mil 100 unidades en el 2004 a 6 mil 40 unidades en el 2005,
para un crecimiento de un 188 por ciento.
El número de motocicletas registradas en el 2005
fue de más de 79 mil, una superación de un
141 por ciento con respecto al 2004.
En fin, señoras y señores, lo que podemos
decir es que nunca antes se habían vendido tantos
vehículos en un solo año en toda la historia
de la República Dominicana.
Pero la historia no termina ahí.
Las importaciones de electrodomésticos se incrementaron
en un 27 por ciento; las de comestibles en un 18 por ciento,
y las de maquinarias y equipos en un 21 por ciento.
El consumo de carne de pollo se incrementó en un
26 por ciento, al pasar de 11.5 millones de pollos en el
2004, a 14.5 millones en el 2005.
Por su parte, el consumo de huevos se incrementó
en un 39 por ciento y la leche en un 13 por ciento.
El consumo de galletas se incrementó en un 14 por
ciento; el de pastas en un 13 por ciento y los aceites comestibles
en un 10 por ciento.
Hasta la cerveza, para alegrar los espíritus, experimentó
un aumento de un 16 por ciento.
Ahora bien, para volver a transitar por la senda de la estabilidad
y el crecimiento de nuestra economía, ha sido imprescindible
la aplicación de un fuerte ajuste fiscal, lo que
pone de manifiesto el compromiso del gobierno con un manejo
prudente de las finanzas públicas.
En el 2003 y el 2004, el gobierno gastó cada año
entre 27 y 28 mil millones de pesos por encima de sus ingresos
con lo cual se aumentó, de manera considerable, la
deuda pública.
Al terminar el 2005, el déficit del sector público
no ha sobrepasado los 6 mil millones de pesos, que fue nuestro
compromiso con el FMI.
El ajuste fiscal que el gobierno llevó a cabo el
año pasado representó un 2.9 por ciento del
PIB, equivalente a unos 25 mil millones de pesos.
Ese importante ajuste del gobierno fue acompañado
de una reducción del déficit cuasi fiscal
del Banco Central que pasó de 31 mil 176 millones
en 2004 a 26 mil 90 millones en el 2005, lo que representa
una reducción de 5 mil millones de pesos.
De lo previamente explicado se llega a la conclusión
de que durante el primer año efectivo de esta administración,
el déficit del sector público consolidado
pasó de representar el 7.6 por ciento del PIB en
el 2004, a 3.6 por ciento del PIB en el 2005.
Eso representa una reducción de más de un
50 por ciento del déficit en tan solo un año,
y prueba la eficiencia y el cuidado con que este gobierno
ha manejado las finanzas públicas.
Un componente importante del deterioro fiscal del país,
observado en los años recientes, lo constituyó
el proceso de endeudamiento público externo.
A finales del 2004, la deuda externa dominicana alcanzó
7 mil 25 millones de dólares, prácticamente
el doble del monto de la deuda que dejamos en nuestro anterior
gobierno, en el año 2000.
Ese nivel de endeudamiento era insostenible en términos
fiscales y se convirtió en una de las razones esenciales
que llevaron al país a tener que reestructurar sus
deudas con los acreedores privados y bilaterales.
El servicio de la deuda pública del Gobierno Central
pasó de 477 millones de dólares en el 2001
a 2 mil 141 millones de dólares en el 2005.
Eso equivale a decir que en tan solo cuatro años
el pago del servicio de la deuda pública dominicana
se multiplicó por más de cuatro veces.
Es esa magnitud del servicio de la deuda en el 2005 lo que
determina por si solo la razón por la cual el gobierno
tuvo que proceder a la reestructuración de la deuda
externa.
Advertimos que si ese proceso de reestructuración
no hubiese sido llevado a cabo exitosamente, la República
Dominicana habría tenido que pagar durante este año
2006, por servicio de la deuda, 2 mil 400 millones de dólares,
o lo que es igual, 79 mil 200 millones de pesos, a una tasa
de 33 pesos por dólar.
La reestructuración de la deuda externa dominicana
fue un proceso de negociación difícil y complejo,
el cual incluyó la extensión del vencimiento
de los bonos soberanos, reestructuración de la deuda
con la banca comercial internacional y con el Club de París.
El vencimiento de los bonos soberanos emitidos en el 2001
y en el 2003 fue extendido por cinco años, es decir,
los bonos que vencían este año fueron extendidos
hasta el 2011 y los que vencen en el 2013 se extendieron
hasta el 2018.
De igual forma fueron reestructurados 148 millones de dólares
con la banca comercial internacional, con un período
de gracia de dos años y pagos del principal empezando
en el 2007 hasta el 2010.
También se reestructuró la deuda con el Club
de París por un monto de 193 millones de dólares
en el 2004.
La comunidad financiera internacional ha reconocido públicamente
que el proceso de reestructuración de la deuda externa
dominicana es un buen ejemplo de lo que significa una renegociación
de los pasivos soberanos de un país, favorable a
los intereses de éste y viable para los acreedores.
Pero con todo y la reestructuración, el país
tendrá que pagar este año por servicio de
la deuda mil 765 millones de dólares, esto es, aproximadamente
63 mil millones de pesos.
Para que se tenga una idea del impacto de lo que esto representa,
es preciso indicar que ese monto es superior a la totalidad
de los recursos asignados a nueve Secretarias de Estado
juntas: educación, salud, medio ambiente, agricultura,
obras públicas, turismo, industria y comercio, mujer
y juventud.
¿Imagínense todo cuanto pudiese hacerse en
educación o en salud con tan solo una fracción
de esos recursos? ¿Cuántas escuelas u hospitales
podrían construirse? ¿Cuántos acueductos,
cuantos caminos vecinales, cuantas carreteras, puentes o
viviendas?
En verdad, si solo por un año pudiésemos invertir
en obras de infraestructura y en el área social lo
que debemos pagar por concepto de la deuda externa, la República
Dominicana alcanzaría una transformación radical.
Señores Miembros de la Asamblea Nacional:
Luego de superar los principales escollos que afectaban
el buen desempeño de nuestra economía, de
lo que se trata ahora es de consolidar los logros y enfrentar
con visión e inteligencia los nuevos retos que se
ciernen en el horizonte.
Uno de esos retos es el relacionado con la entrada en vigencia
del acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos y los
países de Centroamérica, conocido como DR-CAFTA.
Para nosotros era una cuestión de supervivencia formar
parte de ese acuerdo o tratado sobre relaciones comerciales
preferenciales.
En efecto, durante más de dos décadas, el
éxito alcanzado por las zonas francas industriales
de la República Dominicana, se había debido,
fundamentalmente, a que en virtud del programa de Iniciativa
para la Cuenca del Caribe y sus continuas reformas, nuestros
productos podían acceder al mercado de los Estados
Unidos en condiciones arancelarias preferenciales.
Lo desafortunado de ese programa, que implicaba una relación
de libre comercio de carácter unilateral, pues era
sólo de República Dominicana hacia los Estados
Unidos, y no viceversa, es que tenía un límite
en el tiempo. Se había establecido su culminación
a partir del año 2008.
El dilema que se nos planteaba era el qué hacer a
partir del momento en que perdiésemos el acceso privilegiado
al más poderoso e influyente mercado del mundo.
Por otro lado, los países de Centroamérica,
afectados por igual medida que República Dominicana,
empezaron a explorar la posibilidad de garantizar un acceso
permanente al mercado estadounidense sobre la base de suscribir
un acuerdo bilateral de libre comercio.
Comprendimos a tiempo la importancia de la acción
de las hermanas naciones centroamericanas y terminamos formando
parte del mismo acuerdo o tratado.
Pero esa situación de entrar en un acuerdo de libre
comercio con los Estados Unidos se hizo más urgente
a partir del 1 de enero del 2005, cuando llegó a
su término el Acuerdo Multifibras que establecía
un régimen de cuotas a las importaciones de textiles
y prendas de vestir al mercado norteamericano.
Con la eliminación del sistema de cuotas, China,
que tenía costes laborales y de producción
más bajos que sus competidores en el mundo, podía
incrementar la exportación de ese tipo de productos
a los Estados Unidos, afectando de esa manera el sector
de zonas francas de la República Dominicana y de
Centroamérica.
Como consecuencia de estos cambios en la economía
global, las zonas francas de nuestro país perdieron
durante el año 2005 por encima de 30 mil empleos
directos, teniendo algunas empresas que cerrar definitivamente
sus puertas, debido a la perdida de competitividad.
No obstante, se había previsto que la única
manera de revertir esa situación creada por el incremento
de las exportaciones chinas al mercado norteamericano, era,
precisamente, promoviendo la entrada de República
Dominicana al acuerdo de libre comercio con los Estados
Unidos.
Así lo hemos hecho, y ahora sólo esperamos
que su entrada en aplicación a partir de julio de
este año contribuya a incentivar nuevas inversiones,
a incrementar nuestras exportaciones y a generar nuevos
empleos.
Naturalmente, el DR-CAFTA por sí solo no producirá
todos los cambios esperados y anhelados en la República
Dominicana.
Para sacarle verdadero provecho a ese acuerdo comercial
internacional, en nuestro país tenemos que ser efectivos
en el diseño y aplicación de una estrategia
nacional de competitividad.
Ya tenemos un Consejo Nacional de Competitividad que trabaja
activamente en la elaboración de esa estrategia que
representa la visión de futuro de la República
Dominicana frente a la apertura y la globalización.
Partimos de un criterio de competitividad de los sectores
productivos nacionales mediante la creación de áreas
o clusters estratégicos, como ahora se les llama.
Estos incluyen, en primer lugar, la convergencia de la industria
doméstica y las zonas francas, las cuales han estado
separadas por una situación de dualidad de políticas
públicas; en segundo lugar, los clusters de la industria
manufacturera, que incluye, textiles y confecciones, muebles,
calzados y joyería; en tercer lugar, los clusters
agroindustriales, que son tabaco y cigarros, frutícola
y café; en cuarto lugar, el cluster turístico;
en quinto, la construcción y la vivienda; en sexto,
el comercio; en séptimo, la política de fomento
a las pequeñas, medianas y microempresas; en octavo
lugar, el parque cibernético y el desarrollo de lo
que ahora se llama, la mentefactura, que son los centros
de innovación y de capital intelectual.
En ese último estarían el cluster farmacéutico,
el de electrónica, el de dispositivos médicos,
el de integradores de software y los call centres.
Como muy bien lo comprendieron los consultores internacionales,
Michael Fairbanks y Stace Lindsay, en su texto, Arando en
el Mar, Fuentes Ocultas de la Creación de Riqueza
en los Países en Desarrollo, la efectiva aplicación
de una estrategia de competitividad requiere de un profundo
cambio de mentalidad de los actores y un alto sentido de
responsabilidad.
Al examinar las razones por las cuales los bolsos de mano
o carteras de cuero producidas en Colombia no encontraban
buenas ventas en los Estados Unidos, estos analistas descubrieron
de parte de los administradores de los centros comerciales
que la causa radicaba en la deficiente calidad del cuero.
De esa manera se dirigieron donde los fabricantes, para
indagar los motivos por los cuales el cuero era deficiente.
"No es culpa nuestra", dijeron éstos. Es
culpa de quienes curten las pieles. Pregúntenles
a ellos."
Y efectivamente, eso hicieron. Pero se encontraron con la
misma respuesta. Los industriales curtidores de pieles expresaron.
"No es culpa nuestra. Hacemos una excelente labor al
curtir las pieles, pero Uds. deberían saber en qué
condiciones llegaron a nosotros. Es culpa de los mataderos.
Esa gente no sabe matar una vaca para preservar la piel;
lo único que les interesa es la carne."
Pero en los mataderos respondieron de igual manera. "No
es culpa nuestra, es culpa de los ganaderos. En el campo
hay tantos ladrones que los dueños de ganado se ven
obligados a marcar sus reses varias veces para asegurar
que no se las roben. Ya se imaginarán ustedes lo
que tantas marcas hacen a la piel del animal", aseguraron.
Los entrevistadores, ya perplejos, empacaron sus maletas
y se fueron al campo a conversar con los ganaderos. Allí
su sorpresa fue aún mayor cuando éstos manifestaron:
"No es culpa nuestra. Es culpa de la vaca. Las vacas
se rascan constantemente contra el alambre de púas,
lastimándose la piel y dificultando la obtención
de un producto de calidad.
El enigma había quedado resuelto. La falta de calidad
de las carteras de cuero colombianas se debía a que
las vacas eran estúpidas.
No culpemos a las vacas de nuestras propias deficiencias.
En una adecuada estrategia nacional de competitividad se
encuentra la base del futuro desarrollo de la República
Dominicana.
De igual manera, al tiempo que consolidamos nuestras exportaciones
hacia el mercado de los Estados Unidos, tenemos que diversificar,
tanto nuestra oferta exportable como nuestros mercados.
La República Dominicana no puede aislarse del mundo.
Nuestra política exterior tiene que ser activa y
dinámica, como efectivamente lo viene siendo.
Definimos nuestra política exterior en base a los
principios de la Carta de las Naciones Unidas y de la Organización
de Estados Americanos. Fomentamos los valores de la paz,
la solución armónica de las controversias
y el multilateralismo.
Sostenemos magníficas relaciones con los Estados
Unidos y con nuestros vecinos de Centroamérica y
el Caribe.
Nuestros vínculos con las hermanas naciones de Sudamérica
son muy estrechos. Tenemos una notable presencia en España,
Italia, Francia, el Reino Unido, Suiza, Holanda, Bélgica
y la Unión Europea, en sentido general. Igual ocurre
con los países asiáticos y del Medio Oriente,
con los cuales tenemos relaciones diplomáticas.
Ahora estamos abriendo embajadas en Rusia, en los Emiratos
Árabes, la India y próximamente en África
del Sur, para promover inversiones, sobre todo, en el área
energética, impulsar el comercio y sostener intercambios
culturales.
Con nuestro vecino más próximo, Haití,
esperamos con el nuevo gobierno del presidente electo René
Préval, sostener una relación especial que
nos permita avanzar en una agenda común sobre los
temas de migración, seguridad fronteriza, comercio,
salud pública, intercambios educativos y culturales
y protección del medio ambiente, entre otros.
Como resultado de nuestra política exterior, hemos
logrado suscribir acuerdos con la Corporación Andina
de Fomento y el Banco Centroaméricano de Integración,
que nos permitirá acceder, en condiciones blandas,
a nuevas fuentes de financiación para futuros proyectos
de desarrollo.
La bandera de la República Dominicana ondea por lo
alto en el pabellón de las relaciones internacionales;
y lo más importante es que en todas partes del mundo
se nos mira con respeto, con afecto y con admiración.
Otros dos retos que tenemos por delante se refieren al alza
de los precios del petróleo en los mercados internacionales
y a la situación del sector eléctrico nacional.
Como consecuencia del primero, la República Dominicana
tuvo que pagar en el 2005 más de 900 millones de
dólares adicionales por concepto de factura petrolera.
En la actualidad, la importación de petróleo
y sus derivados representa cerca del 34 por ciento de las
importaciones nacionales de bienes. Con anterioridad al
shock petrolero, representaba cerca del 18 por ciento.
Debido a esa escalada alcista del precio del petróleo,
el consumidor dominicano ha sido severamente afectado, tanto
en el precio de los combustibles que se usan para el transporte,
como en el de los que se emplean para la generación
eléctrica.
El concepto predominante en los círculos financieros
internacionales es de que el precio del petróleo
se mantendrá relativamente alto. La razón
se debe, fundamentalmente, a un incremento de la demanda
por parte de países como China y la India, a la falta
de suficiente inversión en la instalación
de nuevas refinerías, a la especulación que
se produce en las bolsas de valores con contratos de compra
a futuro, a la creciente falta de seguridad en las vías
de transporte del llamado oro negro y a la situación
conflictiva de países productores y exportadores
de petróleo como Irak, Irán y Nigeria.
Al igual que otras naciones del mundo, la República
Dominicana ha iniciado el diseño de una estrategia
para ser menos dependiente de los combustibles fósiles,
y más orientada hacia la promoción de fuentes
alternas y renovables de energía, así como
a nuevos sistemas de transporte rápido masivo.
Esa, entre otras razones, es lo que explica el interés
del actual gobierno en realizar la construcción de
la primera línea del Metro de Santo Domingo.
El Metro de Santo Domingo constituye la obra de mayor impacto
en la modernización de la República Dominicana.
Es la mejor herramienta, precisamente, para hacernos menos
dependientes de los combustibles fósiles, para ahorrar
divisas, para disminuir la emisión de dióxido
de carbono y para garantizar un transporte digno y justo
a los sectores más empobrecidos de la población.
Reconozco que en todas las épocas y en distintas
partes del mundo hay siempre personas que en principio se
oponen a todo lo que signifique avance y progreso.
Hasta en Francia, figuras ilustres, como los célebres
escritores Guy de Maupassant y Alejandro Dumas hijo, firmaron
la protesta de los artistas por la construcción en
París de la Torre Eiffel.
He aquí, brevemente, lo que proclamaban:
"Escritores, escultores, arquitectos, pintores y aficionados
apasionados por la belleza hasta aquí intacta de
París, queremos protestar con todas nuestras fuerzas,
con toda nuestra indignación, en nombre del gusto
francés mal apreciado, en nombre del arte y de la
historia franceses amenazados, contra la erección,
en pleno corazón de nuestra capital, de la inútil
y monstruosa Torre Eiffel
La Torre Eiffel es, no lo
duden, la deshonra de París. Todos lo sienten, todos
lo dicen, todos se afligen profundamente, y no somos más
que un débil eco de la opinión universal,
tan legítimamente alarmada. Por último, cuando
los extranjeros vengan a visitarnos, exclamarán sorprendidos:
¿Cómo? ¿Este es el horror que los franceses
han encontrado para darnos una idea del gusto del que tanto
presumen?"
Hoy, la Torre Eiffel es el gran símbolo de París.
Retomando el tema de la energía eléctrica,
cabe decir que para el año 2005, el gobierno había
programado otorgar a ese sector, en calidad de subsidio,
350 millones de dólares.
Hasta el mes de agosto, esa meta se había cumplido,
tal como se había previsto. Pero a partir de septiembre,
al dispararse el precio del petróleo, el gobierno
tuvo que pagar 157 millones de dólares más
de lo que originalmente se había calculado.
Al final, en lugar de 350 millones de dólares, el
gobierno tuvo que entregar 505 millones de dólares.
Esa cantidad, traducida a pesos, dio como resultado la cantidad
de 15 mil 594 millones de pesos, y si a eso se le suman
2 mil 164 millones que fueron destinados para los no cortables
y 4 mil 491 millones de pesos más del subsidio al
gas propano, se llega a la fabulosa suma de 22 mil 249 millones
de pesos.
Afortunadamente, el programa PetroCaribe, que hemos suscrito
con el gobierno de la hermana República Bolivariana
de Venezuela, nos ha permitido mitigar el impacto del alza
del precio de los combustibles en el manejo de la economía
nacional.
En virtud de ese programa, la República Dominicana
recibe un crédito a largo plazo y a tasas de interés
blandas, por el 40 por ciento de las importaciones de petróleo
que nos vienen de Venezuela.
La crisis del sector eléctrico nacional se expresa
en un déficit proyectado de 500 millones de dólares
para el año 2006, asumiendo un nivel medio de suministro
equivalente al 80 por ciento de la demanda.
Adicionalmente al déficit corriente se contempla
realizar inversiones, por un monto de 111 millones de dólares
en las áreas de transmisión y generación
para garantizar la calidad del suministro y la confiabilidad
del mismo y asegurar el cumplimiento de los planes de mediano
plazo.
Para alcanzar un nivel financiero más sustentable
del sector eléctrico, la estrategia fundamental descansa
en la aplicación de una agresiva política
de incremento de ingresos por parte de las empresas distribuidoras
a través de una reducción de las pérdidas
del sector e incremento en los niveles de cobranza. En optimizar
los gastos operacionales. En procurar precios de compra
de energía más razonables y en mejorar la
calidad del servicio a los consumidores.
En el sector de transmisión, de lo que se trata es
de mantener los costos operativos y en priorizar un programa
de inversiones, como hemos señalado, para fortalecer
y reducir las pérdidas del sistema.
En el sector de generación, el criterio es de optimizar
los costos de generación de energía. En continuar
la ejecución de los proyectos hidroeléctricos
en desarrollo. En contratar y lanzar nuevos proyectos, incluyendo
las centrales a carbón, plantas hidroeléctricas
y renovables, y renegociar los contratos de compra de energía.
En lo que respecta a la ejecución de los proyectos
hidroeléctricos, hay en la actualidad 11 proyectos
en la agenda, y en lo que atañe a las plantas de
carbón, como resultado de una licitación pública
internacional, realizada por la CDEEE, se está procediendo
a instalar en territorio dominicano 1 mil 200 megavatios
en unidades generadoras a carbón mineral.
Se trata de dos centrales de 600 megavatios cada una, integradas
por dos unidades generadoras de 300 megavatios. Una central
será instalada en Pepillo Salcedo, provincia de Montecristi,
y la otra en Hatillo, provincia de Azua.
Con la instalación de la central de Pepillo Salcedo
se resolverá en gran medida el déficit de
capacidad instalada de la región Norte del país,
mientras que la de Hatillo servirá para fortalecer
el suministro de energía a la región Sur,
incluyendo el Distrito Nacional.
Estas unidades generadoras llegarán al país
mediante acuerdos de transformación de energía
entre la CDEE y los inversionistas privados. En los indicados
acuerdos se establece que los inversionistas privados construirán
y operarán las unidades generadoras a su propio costo
y riesgo.
En otras palabras, esos consorcios traerán al país
más de mil doscientos millones de dólares
para invertirlos en un período de aproximadamente
tres años generando más de dos mil empleos
directos en la fase de construcción.
Para un precio del carbón mineral de sesenta dólares
la tonelada métrica, el precio de adquisición
de la energía por parte de la CDEEE sería
de aproximadamente cinco centavos de dólar por kilovatio-hora,
incluyendo el costo de combustible y el pago al inversionista.
Cuando se compara el precio de adquisición de la
energía con el precio que figura en los contratos
del Acuerdo de Madrid, que al mes de diciembre del 2005
era de más de once centavos de dólar por kilovatio-hora,
puede observarse una diferencia de seis centavos de dólar.
Eso quiere decir que si las unidades generadoras a carbón
estuviesen operando al día de hoy, se podría
vender la electricidad a las empresas distribuidoras a casi
la mitad del precio a que venden las generadoras del Acuerdo
de Madrid.
En definitiva, a pesar de que aún no hemos podido
superar la crisis que durante varias décadas afecta
al sector eléctrico nacional, podemos, sin embargo,
albergar la esperanza de que haya luz al final del túnel.
Un cuarto desafío importante al que se enfrenta en
estos momentos la sociedad dominicana es el de la ola de
crímenes, drogadicción y actividades delictivas
en sentido general.
El año pasado, la tasa de homicidios para todo el
país, el cual se calcula por cada 100 mil habitantes,
fue de 21.6.
Conforme a publicaciones del Centro de Estudios de Justicia
de las Américas, órgano de la OEA, por encima
de la República Dominicana, en tasa de homicidio,
se encuentran Brasil, con 23; México, 29.1; Guatemala,
31.5; Venezuela, con 33.2; El Salvador, con 87.2 y Colombia
con 102.
Para combatir el auge del crimen y la violencia, el actual
gobierno creó el Plan de Seguridad Democrática,
el cual consta de dos vertientes: Prevención y Seguridad,
por un lado, que consiste en un programa de patrullaje policial
y de investigación criminal dirigida por el Ministerio
Público y al servicio del Poder Judicial; y, en segundo
lugar, por el programa Barrio Seguro.
Barrio Seguro se inició desde agosto del pasado año
en Capotillo, por ser éste el barrio de más
alta tasa de delincuencia, violencia y homicidios. A principios
de este año lo hemos extendido a doce barrios más
del Distrito Nacional. Esos barrios son: Villas Agrícolas,
La Zurza, Ensanche Espaillat, Ensanche Luperón, Simón
Bolivar, Gualey, Los Guandules, Las Cañitas, La Ciénaga,
24 de Abril, 27 de Febrero y Guachupita.
En esos barrios, la tasa de homicidios supera la de treinta
provincias por separado, con excepción, por supuesto,
del propio Distrito Nacional y la provincia de Santo Domingo.
El programa de Barrio Seguro será extendido, próximamente,
a trece barrios de la Ciudad Corazón, la bella Santiago,
que son: Pekín, Cristo Rey, Yapur Dumit, La Yaguita
de Pastor, Bella Vista, Los Cerros de Papatín, La
Otra Banda, Cienfuegos, Mella I y II, Ensanche Bermúdez,
Ensanche Espaillat y Gurabo.
En estos momentos, estamos en la fase final para una propuesta
de programa de prevención y seguridad en la Zona
Colonial, del Distrito Nacional, Boca Chica, Juan Dolio
y Las Terrenas.
Desde que empezó a aplicarse el programa de Barrio
Seguro, la tasa de homicidios en Capotillo ha descendido
en forma dramática. En agosto fue de 0.3; en septiembre,
0; en octubre 0; en noviembre, 0.6; y en diciembre, 0.
Felicitamos al barrio de Capotillo por esos logros tan extraordinarios
en tan poco tiempo y exhortamos a los demás barrios
a seguir el ejemplo de Capotillo.
El programa Barrio Seguro requiere de la incorporación
de las comunidades a las cuales se aplica y ello se hace
a través de sus organizaciones comunitarias.
En los barrios intervenidos se trabaja todo lo que son las
necesidades básicas en una comunidad, como son educación,
salud, empleo, energía eléctrica, vivienda,
cultura, deportes, atención a las familias, en fin,
todo lo que significa vivir con dignidad y en forma civilizada.
Señores Legisladores. Distinguidas Personalidades:
Una estrategia integral de desarrollo sostenible requiere
la adopción de políticas orientadas a fomentar
las infraestructuras, proteger el medio ambiente y los recursos
naturales, potenciar la formación de recursos humanos
y fortalecer la institucionalidad de un Estado democrático
de Derecho.
Con respecto al desarrollo de las infraestructuras, logramos
en el 2005 y a principios de este año, terminar,
entre otras, las siguientes obras:
El puente El Pintao, en la carretera El Seybo-Higuey; la
carretera Las Yayas-Padre Las Casas; el puente Gurabo, en
Santiago; el puente Helechal, en Nagua; la Biblioteca Central,
el Aula Magna y el edificio de la Rectoría y Vice-Rectoría
de la UASD; el edificio de la Suprema Corte de Justicia;
el Centro Regional universitario de Santiago; las edificaciones
en apoyo a los Juegos Nacionales de Monte Planta; la rehabilitación
del Malecón de Puerto Plata; el puente sobre el río
Yamasá; la carretera Puerto Plata-Gaspar Hernández;
el puente sobre el río Congo; la prolongación
de la Avenida 27 de Febrero; el elevado de Los Alcarrizos,
en la Autopista Duarte; la remodelación del puente
Juan Pablo Duarte; diversos proyectos habitacionales; la
construcción de más de 1 mil nuevas aulas,
y la reparación de más de 1 mil 500 adicionales;
centros asistenciales de salud; asfaltado de calles, y cincuenta
y cinco acueductos en distintas comunidades del país.
Pero, de igual manera, tenemos importantes proyectos en
ejecución, como son la terminación del puente
sobre el río Higuamo, en San Pedro de Macorís;
la ampliación de la carretera San Cristóbal-Baní;
la ampliación de la carretera San Pedro de Macorís-La
Romana; la carretera Punta Cana-El Uvero; la ampliación
del acueducto de la Línea Noroeste; el Acueducto
de San Cristóbal; el Acueducto de San Francisco de
Macorís; el Acueducto de Nagua; el Acueducto de Barahona,
Bahoruco e Independencia; el acueducto múltiple Juan
de Herrera, en San Juan de la Maguana; el de Bayaguana,
en Monte Plata; el del Pozo y Los Limones, en María
Trinidad Sánchez; el acueducto el Valiente, en La
Caleta; el acueducto Boca Chica Norte y Sur; el acueducto
de la Zona Oriental, para garantizar suministro de agua
a la parte oriental de la ciudad de Santo Domingo; el alcantarillado
de Boca Chica; más de mil viviendas distribuidas
en La Vega, Monte Cristi, Monte Plata, San Juan de la Maguana,
Elías Piña, Barahona, La Altagracia, Sánchez
Ramírez, Duarte, Distrito Nacional y la provincia
de Santo Domingo; más de 50 nuevas edificaciones
escolares; el mejoramiento del sistema de riego Cambronal,
en Neyba; el sistema de riego por goteo en Pedernales; la
hidroeléctrica del Tetero en Padre Las Casas; la
rehabilitación de las plantas de tratamiento de la
Noriega, en Tamboril y Licey; la rehabilitación de
las plantas de tratamiento de Rafey, y Cienfuegos; y la
red de abastecimiento de agua potable de la Zona Sur de
Santiago.
En la protección del medio ambiente y recursos naturales,
ejecutamos varios proyectos, como el de control y vigilancia
de recursos costeros y marinos; el programa de tolerancia
cero con el delito ambiental; el de reforestación
y control de incendios y el de gestión de las áreas
protegidas.
En lo relativo a la política social, cabe indicar
que a pesar de las fuertes medidas de restricción
del gasto público, el 2005 representa el año
de mayor inversión social en el país en la
última década.
En el 2004, el gasto social fue de 58 mil millones de pesos.
En el 2005, 76 mil millones de pesos, para un incremento
de 31 por ciento.
La mayor parte de este aumento fue destinado a mejorar la
calidad de los servicios de educación, salud, seguridad
social y la red de protección social a través
de programas como el de Solidaridad y Comer es Primero.
A pesar de la mejoría en los niveles de inversión
a que acabo de hacer referencia, estamos conscientes de
que la política social tradicional de la República
Dominicana ha sido ineficiente e insuficiente.
Todavía el gasto público social, como porcentaje
del PIB, es uno de los más bajos de América
Latina.
Hay una situación de inequidad social que tenemos
que superar. Hay débiles indicadores sociales, incompatibles
con el nivel de crecimiento económico alcanzado durante
los últimos 40 años. Hay un aumento de la
pobreza debido a la reciente crisis por la que hemos tenido
que atravesar.
Proponemos una nueva política social, fundamentada
en principios de equidad, para apoyar a los hogares más
pobres en el acceso a oportunidades similares a las que
posee el resto de la población; eficiencia, que implica
realizar reformas institucionales, legales y de procedimientos
para mejorar el diseño, la ejecución y la
supervisión de la política social; y consistencia,
para relacionarla con los Objetivos de Desarrollo del Milenio,
la protección de niños, niñas y adolescentes
y el pleno disfrute de los Derechos Fundamentales del Hombre.
En educación, el gobierno destinó alrededor
de 17 mil millones de pesos, 5 mil 126 millones de pesos
adicionales al 2004, lo que constituye el mayor aumento
del gasto en educación en tan sólo un año
en el último cuarto de siglo.
Se distribuyeron más de diez millones de libros de
texto. Se facilitó la adquisición de más
de 20 mil computadoras a maestros y maestras. Se ejecutaron
trece proyectos en el área de tecnología y
sistemas de información. Se instaló el proyecto
de Bibliotecas Digitales en 52 centros educativos. Se continuó
la distribución de un millón 700 mil raciones
diarias del desayuno escolar y se creó la Red Nacional
de Alfabetización, con lo cual se espera la alfabetización
de más de 200 mil personas adultas.
En el área de la cultura, se llevó a cabo
la VIII Feria Internacional del Libro de Santo Domingo;
la II Feria Regional del Libro, en Santiago; la creación
de 210 talleres literarios en 22 provincias del país;
el relanzamiento de la Orquesta Sinfónica Infantil
y Juvenil; la realización de diversas jornadas teatrales
a nivel nacional, y rindiendo tributo a la pujanza de la
naciente industria cinematográfica en el país,
apoyo decidido a todas las iniciativas que buscan el desarrollo
del Séptimo Arte.
En salud el gobierno destinó alrededor de 4 mil millones
de pesos más que en el 2004, en el que el presupuesto
fue de tan sólo 9 mil 600 millones de pesos.
En este sector se ha podido lograr un sistema con muy alta
cobertura de los principales servicios, lo cual se expresa
en una atención prenatal del 98 por ciento de los
embarazos. El parto institucional es de 98 por ciento. El
76 por ciento de la población tiene los servicios
de salud a menos de dos kilómetros de su hogar; y
además, ya en el país se ha erradicado por
completo el polio y el sarampión.
Hay, sin embargo, en el área de la salud pública
un problema de calidad que debe ser enfrentado con urgencia
y eficacia.
A pesar del altísimo número de partos en los
hospitales, la mortalidad materno-infantil se mantiene muy
alta; y lo que es más grave, el 85 por ciento de
esas muertes pueden evitarse.
La tuberculosis también es alta y el VIH-SIDA afecta
a la población joven y trabajadora. Hacemos grandes
esfuerzos por la eliminación definitiva del dengue
y la malaria.
A todos los involucrados en la prestación de servicios
en el área de la salud, les lanzo este reto: ¡Humanicemos
el servicio de salud! ¡Evitemos las muertes que pueden
ser evitadas! ¡Preservemos la vida en la República
Dominicana!
Sobre la seguridad social, he sostenido recientemente encuentros
con los distintos actores vinculados a este sector, con
la finalidad de convocar a un gran encuentro nacional que
permita solucionar las discrepancias existentes sobre el
costo del plan básico de salud, los honorarios médicos,
la situación del Instituto Dominicano de Seguros
Sociales (IDSS), y la entrada en funcionamiento del seguro
familiar de salud.
La seguridad social es un derecho sagrado de los trabajadores,
de sus familias y de la comunidad en sentido general.
¡Hagamos de ella una realidad en la República
Dominicana!
Señoras y Señores:
En estos momentos, la sociedad dominicana se encuentra inmersa
en un proceso de profundas transformaciones.
Como hemos podido apreciar, aún en un contexto de
crisis nacional y de intensa vulnerabilidad ante las fluctuaciones
de carácter internacional, la República Dominicana
ha emprendido un conjunto de iniciativas que no sólo
le han permitido recuperar la estabilidad y el crecimiento
de la economía, sino al mismo tiempo modificar, radicalmente,
el funcionamiento de varias de sus instituciones.
La economía dominicana es ahora más abierta
e integrada. Los recursos fiscales dependerán cada
vez menos de las recaudaciones aduanales para descansar
cada vez más en impuestos internos.
Toda la estructura administrativa y financiera del Estado
se encuentra, en estos momentos, estremecida por la magnitud
de los cambios que se ejecutan para su efectiva transformación
en una estructura más ágil, más flexible,
más eficiente y transparente.
Ya han sido aprobadas por este Honorable Congreso, las nuevas
leyes de Tesorería Nacional y de Crédito Público.
Se encuentran en procesos de análisis y discusión,
los proyectos de Ley Orgánica del Presupuesto, del
Sistema de Planificación e Inversión Pública,
de Contraloría General y del Sistema Nacional de
Control Interno, así como la nueva Ley Monetaria
y Financiera.
La semana pasada, en un acto solemne en el Palacio Nacional,
firmé el Decreto que crea el Reglamento para las
compras y contrataciones de bienes, servicios, obras y concesiones
del Estado, el cual deberá, en su momento, ser convertido
en Ley por el Congreso Nacional.
La firma de ese Decreto constituye la reafirmación
de la voluntad y el compromiso de esta administración
de no desmayar en la lucha incansable contra el fenómeno
de la corrupción.
La lucha contra la corrupción, que concebimos no
como una persecución contra adversarios políticos,
sino como una forma de adecentamiento de la vida pública,
será reforzada como una de las prioridades de la
actual gestión de gobierno.
Reconozco que aún tenemos grandes desafíos
por delante, los cuales vamos a encarar con determinación
y firmeza.
Tenemos el desafío de consolidar nuestra democracia,
con partidos políticos desempeñando un rol
de mediación y representación que genere confianza
y credibilidad; con asociaciones empresariales, gremiales
y sindicales alertas y responsables; con una sociedad civil
vigorosa y dinámica; con una opinión pública
diligente y prudente.
Vamos a trabajar para garantizar la continuidad de la estabilidad
y el crecimiento de nuestra economía, a fin de que
eso se convierta en la base del desarrollo sostenible que
todos anhelamos.
Vamos a trabajar para disminuir la pobreza, la exclusión
y la inequidad social.
Vamos a trabajar para fomentar una eficaz política
de generación de empleos, especialmente entre los
jóvenes y las mujeres, para que de esa manera el
crecimiento se traduzca en bienestar social.
Vamos a hacer de la República Dominicana una tierra
de esperanza para los que sueñan con un mundo mejor.
A lo largo del año pasado, nos hemos dedicado en
cuerpo y alma a resucitar una economía deprimida,
una sociedad moralmente erosionada y una nación dolida.
No hemos desaprovechado ni una sola hora del día
para dedicarle todo el esfuerzo necesario. No hemos escatimado
ni una sola oportunidad para escuchar las voces de todos
los sectores de nuestra sociedad. No hemos perdido ni una
ocasión para crear consensos, abrir caminos e infundir
optimismo.
A un año de encontrarnos al mando de una nave que
estuvo a punto de naufragar, tendimos las velas, activamos
los motores y zarpamos de nuevo hacia el horizonte de un
futuro promisorio.
Para comprometerse, con vida y bienes, en una acción
de proclamación de independencia, en las condiciones
en que se encontraba la parte Oriental de la isla de la
Hispaniola en el año 1844, requería, para
poder llevarla a cabo, de mucha fe, de mucha fuerza de convicción
y de mucho patriotismo.
Todo eso fue, justamente, de lo que dispusieron Juan Pablo
Duarte, Ramón Matías Mella y Francisco del
Rosario Sánchez, entre otros, para cristalizar la
hazaña que hoy hace posible que tengamos un himno
que nos hace vibrar de emoción cuando escuchamos
sus estrofas; una enseña tricolor que nos hace estremecer
cuando la vemos flotar al viento; y una patria que llevamos
en lo más recóndito de nuestros sentimientos,
pues es esencia de nuestras vidas, lugar donde reposan nuestros
antepasados y cuna de nuestros hijos.
El pueblo dominicano es un pueblo lleno de amor, de bondad
y de nobleza, y un pueblo así estará siempre
en condiciones de superar todos los obstáculos y
vicisitudes que se le interpongan en el camino para la construcción
de una sociedad más justa y más solidaria.
Asumamos nuestros retos con alegría e ilusión.
Con entusiasmo y confianza. Con la fe siempre puesta en
Dios.
Y como en los Juegos Nacionales de Monte Plata, aquí
también podemos decir: ¡Arriba la Patria! ¡Viva
la República Dominicana! ¡E'Pá lante
que Vamos!
Muchas Gracias.