Discorso
del Presidente della Repubblica, dr Leonel Fernández,
a proposito della Manovra Fiscale
14.11.06 ore 21.10
Pueblo
dominicano:
Durante
las últimas semanas la opinión pública
nacional ha estado concentrada en torno a una propuesta
de rectificación fiscal que el gobierno, oportunamente,
sometería ante las cámaras legislativas.
En
relación a dicha propuesta ha habido todo un
cúmulo de especulaciones. Se ha dicho, por
ejemplo, que el ITBIS sería aumentado de un
16 a un 18 por ciento, y que sería aplicable
a casi todos los productos de primera necesidad.
Resulta,
sin embargo, que eso no es cierto; pues desde el gobierno
no se ha pensado, ni siquiera remotamente, en esa
posibilidad.
De
igual manera, se ha afirmado que había un plan
para gravar con un 15 por ciento los intereses percibidos
por las personas físicas; y ocurre que tampoco
nadie en el gobierno había pensado sobre eso.
Se
ha sostenido, también, que la rectificación
fiscal que vamos a proponer contempla fijarle un impuesto
a los retiros de dinero de los bancos y de los cajeros
automáticos; y acontece que tampoco eso es
verdad.
Por
supuesto, las especulaciones y diatribas no terminan
ahí, pues en adición a lo antes señalado,
con el deliberado propósito de sembrar la confusión
y el pánico en el pueblo, se indica que la
leche, las medicinas y los insumos agrícolas
serían gravados con el ITEBIS.
Y
resulta que tampoco eso es verdad.
En
fin, como pueden Uds. observar, lo que ha habido es
mucho murmullo, mucha desinformación y mucha
mala fe de parte de algunos sectores que han pretendido
sacarle provecho a esta situación que normalmente
produce inquietudes en la opinión pública
nacional.
A
los fines de comprender en todo su alcance la propuesta
de rectificación fiscal que aspiramos someter,
es imprescindible recordar que al retornar al gobierno
en agosto del 2004 el déficit del Gobierno
Central ascendía a 25 mil 880 millones de pesos,
equivalente al 5.2% del producto interno bruto.
Por
su parte, el déficit del Banco Central, que
le llaman cuasifiscal, era de 22 mil 657 millones
de pesos, es decir, un 4.5 por ciento del PIB.
Todo
eso equivale a decir que cuando se sumaba el déficit
del Gobierno Central con el del Banco Central, entonces
el déficit consolidado del sector público
se situaba en 48 mil 537 millones de pesos, o lo que
es lo mismo, en un 9.2 por ciento del PIB.
Eso,
por supuesto, era algo verdaderamente dramático,
pues niveles semejantes de déficit nunca se
habían registrado en la historia reciente de
las finanzas públicas de la República
Dominicana.
Pero,
de igual manera, en el 2004 la deuda pública
bruta era equivalente al 53% del PIB. De ese porcentaje,
6 mil 395 millones de dólares correspondían
a la deuda externa y 142 mil 183 millones de pesos
correspondían a la deuda doméstica,
que incluía la deuda del Banco Central.
En
ese momento el país se encontraba atrasado
en el pago del servicio de la deuda bilateral, de
la multilateral y la asumida con la banca privada
internacional. El acceso al mercado internacional
de capitales estaba, por consiguiente, prácticamente
cerrado.
Reconociendo
la necesidad de recuperar la disciplina fiscal, el
nuevo gobierno, desde el período de transición,
inició las negociaciones con el FMI con el
propósito de diseñar un programa de
ajuste que permitiera recuperar la confianza, solucionar
los problemas de liquidez del sector público,
incrementar los recursos fiscales del Gobierno Central
y eliminar el alto déficit del sector público
no financiero.
La
estrategia en el plano de las finanzas del Gobierno
Central se sustentó en atacar el problema adoptando
conjuntamente medidas en las áreas del ingreso,
del gasto y del financiamiento.
Por
el lado de los ingresos, las nuevas autoridades cumplían
con su promesa de eliminar el anticipo del 1.5 por
ciento a los impuestos brutos de las empresas, en
sustituir con tributos permanentes los tributos transitorios
creados en julio del 2003, específicamente
el 5% a las exportaciones y el 2% a las importaciones,
y en aplicar estrictamente la Ley de Tributación
de los Hidrocarburos por la vía de la indexación
de los impuestos.
En
principio, las autoridades electas sometieron a la
aprobación del Congreso Nacional un proyecto
de reforma fiscal que tenía como objetivo compensar
por la pérdida de ingresos tributarios cerca
del 2.5% del PIB, es decir, de alrededor de 20 mil
millones de pesos.
En
octubre del 2004 el Congreso Nacional, dominado por
la oposición, aprobó una reforma tributaria
con un potencial recaudatorio de 1.7% del PIB, lo
que significa una reducción de 0.8%, o lo que
es igual, 6 mil millones de pesos menos a la propuesta
que se le había hecho al Congreso.
Ante
la insuficiencia de la reforma aprobada para alcanzar
la meta establecida en el Acuerdo con el FMI, el Gobierno
Central, tratando de sobrevivir y de sobreponerse
a las artimañas maliciosas de la oposición,
mantuvo la vigencia de la comisión cambiaria,
elevándola de 10% a 13%.
En
el 2005 el gobierno cumplió de manera satisfactoria
con las metas fiscales establecidas en el acuerdo
con el FMI, y como consecuencia, los beneficios de
aplicar esa política estabilizadora no se hicieron
esperar.
En
el 2005, la economía creció 9.3% y la
inflación se redujo drásticamente a
un solo dígito. El desempleo cayó del
19.7% en octubre del 2004 a 16.4 en marzo del 2006.
El salario real promedio por hora aumentó en
17.5% con respecto al 2004. Recibimos inversiones
extranjeras por un monto de 893 millones de dólares
y la prima de riesgo del país en los mercados
internacionales cayó de casi 1,700 puntos básicos
en el 2004 a menos de 200 puntos básicos en
la actualidad.
Eso
último es lo que ha facilitado que importantes
empresas privadas del país, tales como AES
Dominicana, Autopista del Nordeste, EgeItabo y Cap
Cana, hayan podido colocar de manera exitosa instrumentos
financieros a bajo costo en los mercados internacionales
de capitales; y eso lo que significa es que la estabilidad
de la economía beneficia a todo el mundo, esto
es, a empresarios, trabajadores, amas de casa y clase
media.
Al
inicio del 2006 el Gobierno recibió múltiples
reconocimientos de la comunidad financiera internacional
por el esfuerzo realizado en el control del gasto
y la estabilización económica, mientras
que importantes segmentos de la población dominicana
expresaron su complacencia por la conducción
de la economía por parte de las presentes autoridades.
Ahora
bien, mientras aplicábamos un conjunto de medidas
para superar la crisis económica y financiera
heredada de la pasada administración, teníamos
que prepararnos para enfrentar un nuevo desafío:
el de la apertura comercial, representada por la entrada
en vigencia del DR-CAFTA.
El
DR-CAFTA, que traerá como beneficio el acceso
permanente de nuestro país al mercado de los
Estados Unidos en condiciones ventajosas, nos ha obligado
a realizar la más profunda y compleja reforma
tributaria jamás llevada a cabo en la historia
de la República Dominicana.
En
base a esa reforma, la naturaleza del sistema impositivo
nacional ha cambiado de manera radical. En lugar de
depender, fundamentalmente, de los ingresos de aduanas,
como había sido la tradición, el Estado
dominicano, actualmente, hace descansar su mayor fuente
de recaudaciones en impuestos internos.
Una
reforma de esa magnitud y de esa complejidad, como
debe comprenderse, requería de responsabilidad,
de delicadeza y de cautela. Y así actuamos
cuando a mediados del 2005 iniciamos la discusión
de una segunda reforma tributaria que permitiera,
esta vez, compensar las pérdidas de ingresos
por la eliminación de la comisión cambiaria,
la eliminación de aranceles y la aplicación
de medidas que favorecieran la competitividad del
sector productivo nacional.
La
reforma debía también aportar recursos
para cumplir con la meta establecida en el Acuerdo
Stand by de generar un superávit presupuestario
en el 2006.
La
propuesta de reforma sometida a la consideración
del Congreso Nacional, que previamente había
sido consensuada con el empresariado, procuraba compensar
por la pérdida de ingresos tributarios cerca
de 3.1% del PIB, equivalente a aproximadamente 31
mil millones de pesos.
Para
favorecer la competitividad del sector productivo,
la reforma propuesta contemplaba medidas que significaban
transferencias efectivas a ese sector del orden de
mas de 2 mil 500 millones de pesos.
En
diciembre del 2005, el Congreso Nacional, repito nuevamente,
controlado por la oposición, aprobó
una reforma tributaria que proporcionaba ingresos
por tan solo 21 mil 400 millones de pesos, o lo que
es igual, 10 mil millones de pesos menos que lo que
se le había sometido para su aprobación.
En
momentos en que se llevaba a cabo la discusión
de la nueva reforma tributaria, el director alterno
del Hemisferio del Fondo Monetario Internacional,
José Fajgenbaum, según una información
publicada en el Listín Diario, en fecha 18
de noviembre del 2005, página 7, advertía
que con una reducción de los impuestos establecidos
en la reforma fiscal, el gobierno dominicano tendría
menos recursos para la inversión pública.
Fajenbaum,
de acuerdo con la noticia, enfatizó que "la
reforma fiscal debe aprobarse con el monto establecido
por el Poder Ejecutivo, es decir, de 31 mil millones
de pesos, aunque explicó que el FMI demandaba
un poco más de lo planteado por el Gobierno,
debido a que se requiere de un margen, porque no se
sabe con precisión cuál sería
el comportamiento de los impuestos establecidos."
Finalmente,
de acuerdo a como continúa la reseña
periodística, el funcionario del Fondo Monetario,
al justificar el monto y objetar la reducción
anunciada por los legisladores, dijo: "Si hay
menos ingresos habrá la posibilidad de gastar
menos."
En
el periódico Diario Libre, de la misma fecha,
se afirma lo que sigue:
"La
intención de los diputados de reducir 7 mil
millones a las recaudaciones estimadas por el Gobierno
en el proyecto de reforma fiscal, chocó ayer
con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que opina
todo lo contrario y propone que el monto sea mayor
que el propuesto por el Poder Ejecutivo. José
Fajgenbaum, director alterno del Departamento del
Hemisferio Occidental del FMI, considera que el Gobierno
debe tener un margen de recursos, pues nunca se sabe
cómo será la recaudación con
nuevas cargas impositivas."
¿Por
qué razón los legisladores de la oposición,
que entonces controlaban el Congreso, decidieron mutilar
la reforma sometida, no en 7 mil, como decían
los periódicos, sino en 10 mil millones de
pesos? ¿Por qué no le prestaron atención
alguna a los alegatos del representante del FMI, quién
incluso advertía de la insuficiencia de recursos
solicitada por el Gobierno para compensar las pérdidas
generadas por la eliminación de la comisión
cambiaria y otros tributos arancelarios?
La
razón es obvia. La oposición jugaba
a hacer fracasar al Gobierno, para desde ahí
intentar reciclarse, ganar las elecciones congresuales
y municipales de mayo de este año y colocarse
a un peldaño de convertirse nuevamente en los
inquilinos del Palacio Nacional
Al
observar ese panorama, lo único que uno puede
decir es, ¡cuánta irresponsabilidad!
¡Cuánta insensatez! ¡Cuánta
falta de sentimiento patriótico!.
Parece
no ser suficiente haber llevado el país a la
ruina durante el pasado período gubernamental.
Ahora, en búsqueda de un afán particular
de poder, había que hacer sucumbir la más
compleja reforma tributaria en la historia nacional
en aras de hacer añicos la reputación
y la eficacia de un gobierno que se ha esmerado en
reencauzar el desarrollo, la prosperidad y el bienestar
del pueblo dominicano.
Al
procurar protegerse ante lo que se percibe como embates
de una nueva reforma fiscal, algunos sectores del
mundo empresarial han reaccionado solicitando una
reducción del gasto por parte del gobierno,
así como una disminución de impuestos,
para supuestamente mantener la competitividad.
En
lo que se refiere al gasto público, empecemos
por decir que en junio del 2004, la nómina
del Gobierno Central , excluyendo el Congreso Nacional,
el Poder Judicial y la Junta Central Electoral, era
de 317, 884 empleados. A septiembre del presente año
del 2006, la referida nómina se situaba en
308, 424 empleados, es decir, 9, 460 menos que dos
años atrás.
De
igual forma, la nómina de las instituciones
descentralizadas y autónomas pasó de
41 mil 235 empleados en el 2003 a 36 mil 887 empleados
en septiembre del 2006, esto es, 4 mil 348 empleados
menos.
El
porcentaje de gasto total destinado a pago de personal
en la República Dominicana está por
debajo de la mayoría de los países de
América Latina. Actualmente, es de un 22.3
por ciento. Eso es menos que Honduras, Paraguay, Ecuador,
El Salvador, Haití, Costa Rica, Bolivia, Perú,
Nicaragua, México, Panamá, Guatemala
y Chile.
Por
otro lado, comparado también con los demás
países de la región, el gasto corriente
es bajo en la República Dominicana. Es más,
lo que nos muestran los pagos de sueldos y salarios
como porcentaje del PIB es que estamos pagando menos
de lo que era normal en los años noventa y
en los primeros años de este siglo.
Como
proporción del PIB, el gasto en bienes y servicios
se colocará, este año, en niveles cercanos
a los experimentados en el 2005.
Por
su parte, los gastos de capital, desafortunadamente,
se han reducido drásticamente. Eso significa
que el ajuste se ha venido haciendo a expensas de
la inversión en infraestructura, lo cual es
insostenible a mediano y largo plazo.
Si
el gasto corriente, el gasto de capital y también
el gasto social resultan insuficientes en la República
Dominicana, ¿dónde es que realmente
se está produciendo el mayor gasto en el país?
Fundamentalmente,
en dos áreas. La primera, en el servicio de
la deuda pública, la cual, por obra y gracia
de la pasada gestión de gobierno, se ha incrementado
de manera impactante, representando este año
el doble de lo que se pagaba en los años noventa.
La segunda, en las transferencias y subsidios al sector
eléctrico y al gas licuado.
Pese
a que en el año corriente, el monto presupuestado
para el subsidio del GLP fue de 2 mil 636 millones
de pesos, al concluir el año se espera que
el Gobierno haya destinado a este concepto un monto
cercano a los 5 mil 700 millones de pesos: casi 3
mil millones más que lo presupuestado.
Cabe
señalar que este incremento se debe a tres
razones: a que el Gobierno decidió posponer
el desmonte del subsidio al GLP para favorecer a las
amas casa, al crecimiento de los precios de ese combustible
en el mercado internacional y a la práctica
inequitativa del uso de GLP por parte del sector de
transporte.
En
el caso del sector eléctrico, se había
proyectado para este año transferir a dicho
sector 500 millones de dólares de subsidio.
Sin embargo, el incremento de los precios del petróleo
nos obligó a tener que dar cerca de 150 millones
de dólares adicionales para mantener un servicio
eléctrico que hasta ahora no ha logrado su
sostenibilidad financiera debido al bajo índice
de recuperación de efectivo.
A
pesar de los ajustes en el gasto evidenciado tanto
en el 2005 como en lo proyectado en el 2006, el Gobierno
ha mantenido un compromiso de proteger el gasto social
y recuperar los niveles perdidos durante la crisis
de 2003.
Efectivamente,
en el 2005 el gasto social se situó en 8.13%
del PIB, superando el nivel máximo alcanzado
en los últimos veinte años. A septiembre
de este año, el gasto en educación,
salud, asistencia social, agua y saneamiento, superaba
en 1.16% del PIB al de igual periodo del 2005.
Estamos
muy confiados en que podamos cumplir con el inicio
del Plan Básico de Salud y ampliar el régimen
subsidiado de la seguridad social hasta alcanzar la
meta de 800 mil afiliados al final del 2007.
A
pesar de las precariedades fiscales en que nos hemos
manejado y en aras de fortalecer el Estado de Derecho,
en lo que va del presente año la Dirección
General de Impuestos Internos ha compensado unos 2
mil 400 millones de pesos a exportadores y productores
de bienes exentos por concepto de ITBIs.
Además,
a la fecha, la Dirección de Impuestos Internos
ha reconocido compensaciones por un monto de 6 mil
500 millones de pesos en beneficio de diferentes contribuyentes
por concepto de saldos a favor del impuesto sobre
la renta. La mayor parte de estas compensaciones se
originaron durante la crisis del 2004 y se están
realizando de manera automática por parte de
los beneficiarios, lo que representa un paso de avance
sin precedentes en el fortalecimiento institucional
de la administración tributaria del país.
El
gobierno, cumpliendo con lo dispuesto en la Ley de
Gastos Públicos de este año, ha eliminado,
desde el 30 de junio, el impuesto transitorio de 13
por ciento que había sustituido la desaparecida
comisión cambiaria, y con ello, ha eliminado
del pago de ese impuesto a unos 3,200 productos importados,
entre los que figuran los medicamentos, las carnes,
los pescados, las leches, arroz, cereales, quesos,
huevos, legumbres, cacao, compotas, hortalizas, tubérculos,
frutas y fruto comestibles, artículos plásticos,
papel, cartón y productos editoriales y gráficos,
artículos y aparatos de ortopedia, maquinarias,
equipos, herramientas agrícolas e industriales,
que representan un sacrificio, para el gobierno, de
2 mil 348 millones de pesos.
Durante
nuestra primera gestión de gobierno, en el
período 1996-2000, se eliminaron los aranceles
a la importación de insumos, equipos y maquinarias
de los sectores agrícola e industrial.
Como
resultado de esas medidas, se aplicó la tasa
cero al sector agropecuario, que para el período
referido representó una disminución
de ingresos para el gobierno de más de 925
millones de pesos; y se aplicó, de igual forma,
la tasa cero al sector textil, el cual, para el gobierno,
constituyó merma de ingresos por encima de
3 mil millones de pesos.
Finalmente,
se eliminó el diferencial de petróleo
que se aplicaba a las importaciones de gasoil regular
y Premium, así como el fuel oil, para la generación
de energía eléctrica.
Como
puede apreciarse, si ha habido gobiernos que han sido
capaces de eliminar impuestos y reducir impuestos,
al tiempo que mantienen una política de estricto
control al gasto público, esos han sido los
dos gobiernos del Partido de la Liberación
Dominicana.
Ahora
de lo que se trata es de impulsar un proyecto de ley
de rectificación fiscal, el cual procura corregir
la malicia en que por razones políticas incurrió
el pasado Congreso Nacional, al desatender las voces
sensatas y prudentes del gobierno y del Fondo Monetario
Internacional que advertían sobre la insuficiencia
de la reforma que estaban aprobando para permitir
el acceso del país al DR-CAFTA.
El
objetivo central del proyecto de rectificación
fiscal es el de mejorar la posición fiscal
del gobierno, a los fines de garantizar la continuidad
de la estabilidad y el crecimiento.
De
conformidad con informes recientes del Banco Central,
la economía dominicana, durante el período
enero-septiembre de este año, ha registrado
un crecimiento de 11.3 por ciento, el mayor de América
Latina.
Pero
más aún, durante los últimos
cinco trimestres, nuestra economía ha crecido
en forma consecutiva por encima de 10 por ciento,
y la inflación, durante los últimos
doce meses ha sido tan sólo de 7.76 por ciento,
hecho sin precedentes en la historia de la República
Dominicana.
Todo
el esfuerzo del gobierno debe estar orientado al mantenimiento
de esa situación de crecimiento y estabilidad,
pues esa es la única vía históricamente
conocida que sostenida en el tiempo nos permitirá
superar la pobreza, el atraso y la desigualdad y conducirnos
por un nuevo camino de prosperidad, progreso y modernidad.
Contrario
a las voces agoreras que habían pronosticado
los más graves cataclismos, la propuesta de
rectificación fiscal, que procura evitar afectar
a los más pobres, se concentra, esencialmente,
en aprobar aquellas figuras impositivas que ya habían
sido acordadas con los empresarios y demás
sectores que participaron en el diálogo de
la Pontificia Universidad Madre y Maestra, dirigido
por Monseñor Agripino Núñez Collado,
a finales del año pasado.
Entre
esas figuras se encuentran, en primer lugar, la de
la ampliación del ITEBIS a unos muy pocos productos
que habían sido excluidos de la reforma fiscal
aprobada a finales del año pasado.
En
segundo lugar, la corrección de los impuestos
selectivos a las bebidas alcohólicas y el tabaco.
Tercero:
el restablecimiento de los impuestos selectivos del
5 por ciento que hasta el año 2000 se aplicó
al uso de las habitaciones de los hoteles, moteles,
apartahoteles y similares, y el del 10 por ciento
que se aplicaba a los servicios de seguros en general.
Cuarto:
Mantener hasta finales del 2009 el impuesto de 0,015
por mil a los cheques y transferencias.
Quinto:
El aumento de uno a dos por ciento a las viviendas
suntuarias; y
Sexto:
Mantener hasta el 2009 la tasa del 30 por ciento establecida
al Impuesto sobre la Renta de las personas físicas
y jurídicas, y a partir del 2010 desmontarla
hasta alcanzar el 25 por ciento de la renta neta imponible.
El
ajuste que se requiere para mantener el balance de
las cuentas fiscales es de 3 por ciento del producto
interno bruto, lo que representa un monto aproximado
de 35 mil millones de pesos.
De
esos 35 mil millones de pesos, la mitad, que constituye
el 1.5 del PIB, o sea, 17 mil 500 millones de pesos,
vendrán por vía de la rectificación
fiscal, y la otra mitad, mediante la aplicación
de una política de austeridad y ahorro por
parte del gobierno.
Entre
esas medidas que el gobierno aplicará en el
próximo Presupuesto de Ingresos y Ley de Gastos
Públicos del 2007, se encuentran reducir, en
forma drástica, las sumas ahora destinadas
a las siguientes áreas:
A
sueldos de personal temporero
A
sobresueldos.
A
honorarios.
A
dietas y gastos de representación.
A
servicios de telecomunicaciones.
A
los viáticos internos y externos.
A
transporte y almacenaje, que incluye pasajes y fletes.
A
material y suministro, que incluye combustibles y
lubricantes, material de limpieza y de oficina; y
a las transferencias corrientes para las instituciones
públicas y privadas.
En
resumen, que el gobierno también se apretará
el cinturón y controlará aún
más sus gastos para que podamos cumplir, entre
todos, con las metas comprometidas con el Fondo Monetario
Internacional y continuar, como hasta ahora, con el
proceso de recuperación y consolidación
de la estabilidad y el crecimiento.
Estoy
consciente de la ansiedad que provoca hablar de reforma
fiscal. De la angustia que suscita. De los temores
que engendra. Y es que, a pesar de su crueldad, parece
haber una cierta dosis de verdad en aquel adagio español
que reza que más fácil olvida el hombre
la muerte del padre que la pérdida del bolsillo.
El
incremento de los niveles de tributación en
cualquier sociedad constituye siempre una experiencia
desagradable. Es como la medicina para el cuerpo enfermo.
Nadie la desea, pero nadie puede prescindir de ella.
Asumimos
nuestra responsabilidad con absoluta convicción.
Lo que hacemos es lo correcto, y estoy seguro que
algunos de los sectores que hoy, de manera comprensible
expresan su disgusto, en un futuro próximo
así también lo reconocerán.
Que
Dios bendiga al pueblo dominicano.
Muchas
Gracias.
Buenas
Noches.